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Taiwán mantendrá curso moderado hacia China
Un nuevo gobierno en Taiwán, dirigido por primera vez por una presidenta, mantendrá un curso moderado y cauteloso hacia China que no incluye la independencia legal, pero seguirá un concepto guía indudablemente distinto del de su predecesor.
Tsai Ing-wen, una abogada y profesora universitaria formada en la London School of Economics y en la Universidad de Cornell, prestó juramento como presidenta de la República de China (RDC, Taiwán) el viernes 20 de mayo. Es la jefa del Partido Democrático Progresista (PDP), o Mingjintan.
Marcando una diferencia cardinal con su antecesor, el expresidente nacionalista Ma Ying-jeou, Tsai no admitió ni proclamó su adhesión al famoso “consenso de 1992”. Este principio, que alude a una negociación y acuerdos mutuos logrados ese año, contiene la premisa de que ambas partes del Estrecho de Formosa reconocen ser parte de “una sola China”, pero cada una tiene una interpretación distinta, propia, de su sentido.
El famoso “consenso de 1992” fue adoptado para poder dialogar y negociar asuntos de interés y conveniencia mutua, y para avanzar en el proceso de distensión político-diplomática desde la década de los años 90. El principio fue la base para las interacciones amistosas, la cooperación y los acuerdos bilaterales sin precedentes entre el gobierno de
Ma (2008-2016) y las autoridades de la República Popular China (RPC).
Para Pekín, la “única China” es la RPC y Taiwán es “parte inalienable” de su territorio. Para Ma y su partido, el tradicional Kuomintang o Partido Nacionalista Chino que ha gobernado la isla la mayor parte del tiempo desde 1949, la China legítima es la RDC.
La comunidad internacional, con Estados Unidos y Pekín a la cabeza, estaban pendientes del discurso inaugural de Tsai. Era, no obstante, poco realista esperar que Tsai abrazara el consenso de 1992. Esto habría equivalido a “un suicidio político”, como me comentó la corresponsal de un influyente medio occidental.
Tsai es la líder del PDP que nació con una propuesta de independencia para la isla. Obtuvo un categórico voto de 56% de los electores que le dieron su confianza esperando que emprenda políticas que detengan la creciente dependencia del mercado chino, y que están desencantados con los resultados sociales de las políticas pro-China de Ma. Sencillamente, la presidenta no podía anunciar una política similar ante las expectativas de la opinión pública.
¿Cuál será entonces la política de Tsai hacia Pekín?
Tsai reconoció las negociaciones que llevaron al consenso de 1992 como “un hecho histórico” y saludó el largo proceso de interacciones de dos décadas. Aseguró que mantendrá “la paz y la estabilidad” en el área y que su política hacia China continental se ejecutará dentro del marco de la Constitución de la República de China y de la Ley de Relaciones entre los pueblos del Área de Taiwán y el Área Continental.
¿Qué significa esto en la práctica? En primer lugar, esto es una afirmación de la continuidad del marco jurídico tradicional de la política hacia China que observado los gobiernos democráticos taiwaneses desde 1988, con ciertas variaciones o énfasis particulares, desde luego. La Constitución de la RDC establece un Estado chino. La ley en mención es un reconocimiento tácito de Taipei a la existencia separada de la RPC y de que la soberanía no se extiende al territorio continental en la realidad. No hubo palabras o alusiones a la independencia. En la misma parte del discurso, Tsai ubicó las relaciones con China dentro del contexto general de la integración regional y de la seguridad del Asia-Pacífico, un aspecto a menudo soslayado en los informes de prensa.
Esta formulación de principios de su política hacia China es amplia y quizás ambigua, pero seguramente Tsai lo ha preferido así para mantener un margen de maniobra.
Estados Unidos envió una delegación encabezada por un exsecretario de Comercio y saludó al pueblo taiwanés por su “vibrante democracia”.
China, que exigió la adhesión al consenso de 1992 como condición para continuar el diálogo, reaccionó negativamente como era de esperarse. Ma Xiaoguang, portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado de China, expresó insatisfacción y comparó el discurso inaugural a “una hoja de examen con respuestas incompletas” y reiteró la postura oficial de que el nuevo Ejecutivo taiwanés proclame el consenso de 1992, advirtiendo de la suspensión de contactos. La prensa oficial dijo que no solo se prestaría atención a sus palabras, sino que también a sus acciones.
Por ahora, el mundo espera atento cómo los dos lados bailarán el siguiente tango.
Analista de asuntos Asia-Pacífico. Miembro de Taiwan Fellowship.