¡Te amaré para siempre!
He aquí una frase que puede ser inmortal y sublime, que ha sido pronunciada en la historia de la humanidad millones de veces por enamorados, por los consagrados a Dios por medio de los votos, por papás a sus hijos y viceversa, y que de realizarse pone al ser humano en un nivel de belleza interior insuperable. Los que aman de verdad son seres realizados, ya que ponen todo su ser al servicio de la causa de su amor y saben que su entrega no puede ser a medias y además es permanente.
Realmente el timbre del amor, el sello de garantía del auténtico amor es la fidelidad. En las buenas y en las malas, en la prosperidad y en la adversidad, amar para siempre es señal de tener un corazón limpio, bueno, lleno de Dios. Es señal clara, el ser fiel, de que el amor es sincero, puro, hermoso, grande, de que se ama de verdad. Los “amores a medias” son los causantes de tantos sufrimientos en el mundo. Causan llanto, resentimiento, desilusión. Dañan a los que creyeron fatuas y mentirosas promesas y a los que las hicieron, ya que los degrada y los convierte en viles depredadores de los buenos sentimientos de los que pusieron toda la confianza en sus palabras. Cuánta gente hay golpeada por amores que se desvanecieron como la neblina cuando llega el sol de la verdad. Todo se esfumó y las palabras llenas de promesas vacías se convirtieron en dagas que atravesaron el corazón burlado, provocando heridas difíciles de cerrar.
Estamos en una época de crisis radical de la palabra, donde reina la desconfianza en las promesas y la frustración por tantas desilusiones. Donde el engaño está a flor de piel y el Príncipe de este mundo, el padre de la mentira, se goza pervirtiendo nuestras conciencias para promover las trampas más viles en el mundo. ¡Cuántas víctimas hay de nuestras mentiras¡ Desapareció aquel tiempo donde nuestros antepasados lo sacrificaban todo con tal de cumplir su palabra; donde había un “orgullo familiar”, el sentido del honor, y la gente decía con cierta altivez que en su familia no habían mentirosos ni ladrones.
Hay una estructura subyacente en nuestra cultura y es la de no presentar la verdad completa, distorsionando la realidad, falseando los contenidos más importantes de nuestras relaciones humanas.
(Sigue el próximo sábado).
