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Techos altos y a dos aguas…


Los estadounidenses viven uno de los debates más descarnados en torno a la capacidad de endeudamiento de su país, que se nublan aún mas por las discusiones bipartidistas.

Durante varias administraciones ha habido un descontrol fiscal en Washington. Cada gobierno ha gastado a diestra y siniestra a tal descontrol que los recortes que se han acordado, a futuro terminan reactivándose en administraciones posteriores. Ahora ambos partidos, republicanos y demócratas, andan de manita de puerco para imponer sus criterios, pues no logran llegar a un consenso antes de la fecha límite; 2 de agosto. Lo que distingue a ésta de otras negociaciones es que el ala ultra derecha de los republicanos, el tea party, quiere poner un alto en los impuestos e incentivar los recortes presupuestales, su rigidez fiscal parece no dar el brazo a torcer ni con los que están dispuestos a negociar la postura dentro de su propio partido. Se busca flexibilizar la política anti-impuestos de los republicanos para apoyar un acuerdo a largo plazo para la reducción del déficit.

Por otra parte, la administración Obama considera viable un aumento de impuestos, no obstante, en las condiciones en que se encuentra sumergida la economía estadounidense y los altos índices de desempleo existentes, la medida resulta de lo mas impopular.

De no llegar a un acuerdo que logre elevar el techo de endeudamiento, el país podría incumplir sus obligaciones de deuda y Estados Unidos podría caer en otra recesión que desate una crisis en los mercados financieros de todo el mundo. Actualmente la mirada de los mercados está entretenida en Europa, pero no tarda en voltear, y cuando esto ocurra y se preste atención a la deuda de Norteamérica veremos un deterioro en la confianza de los mercados en la capacidad de cumplir con la deuda. Desconfianza precedida ya por la alerta que hizo la calificadora de riesgo Moody´s con respecto al techo de la deuda.

Tres escenarios posibles se presentan en esta disyuntiva: Un acuerdo para que se aumente el techo de la deuda, recortes en el papel y se evite la crisis de corto plazo. Un segundo en el que no haya acuerdo y llegue el 2 de agosto y la administración Obama pueda utilizar su discrecionalidad el cumplimiento de sus amenazas para no pagar la deuda, o se paguen los intereses de ésta, pero de cualquier forma la medida desate un caos en los mercados internacionales.

El tercero es que llegue al 2 de agosto y que el ejecutivo decida en solitario, sin la aprobación del Senado por falta de consenso, cual será el aumento del techo de la deuda, es decir un anuncio arbitrario que de un rol secundario al Congreso. Para los expertos esta sería una solución suicida para Obama.