Temor infundado de un fraude en 2014
En las elecciones presidenciales del 7 de mayo de 1989, asistí al gimnasio Orlando Winter de San Miguelito, en donde funcionaba una junta de escrutinio.
En el centro del gimnasio había una mesa, en la que se iban colocando las urnas a medida que iban llegando. De repente se oyeron disparos y se fue la luz. Sin pensarlo, me tiré al suelo. Después de unos minutos, regresó la luz y las urnas ya no estaban. Posteriormente, el Tribunal Electoral declaró nulas las elecciones.
Tras este fraude electoral se dieron una serie de hechos violentos, que terminaron con la invasión a Panamá y, consecuentemente, el retorno de la democracia, con el reconocimiento del triunfo de Guillermo Endara como presidente.
Uno de los pilares de la democracia que impera en Panamá desde el año 1990 es precisamente el Tribunal Electoral, al que se le dio una total independencia, dejando atrás su papel de títere de los militares. Por ello se le puso fin a los robos de urnas.
El sistema actual para escrutar los votos hace muy difícil, por no decir imposible, un fraude electoral en las elecciones para presidente de la República, en razón de que en cada mesa de votación hay un representante del candidato por cada uno de los partidos que lo postularon, lo que le permite a todos los candidatos recopilar todas las actas y poder probar cuántos votos se emitieron a su favor.
Traigo a colación este tema, porque los sectores opuestos al Gobierno están tratando de convencer a los electores de que el Gobierno está preparando un fraude en 2014, por lo que se hace necesaria una coalición de todos los sectores para hacerle frente al candidato presidencial de Cambio Democrático.
La realidad es que un fraude electoral solo es posible con el aval del Tribunal Electoral. Por ello, el fantasma del fraude, lo único que busca es unir a varios sectores de la oposición, en contra de la alianza oficialista, porque no confían en sus candidatos a la presidencia. Y si hablamos de temor a un fraude, el Partido Cambio Democrático tendría justificadas razones para desconfiar de la imparcialidad del Tribunal Electoral.
Gerardo Solís, en los últimos días en el cargo de magistrado, fue dejando al descubierto que seguía siendo PRD de corazón, lo que puso en entredicho la imparcialidad del Tribunal Electoral. No obstante, la institución se fortalece con el nombramiento de un nuevo magistrado que no salió de ningún partido político, por lo que todos esperamos que en 2014 se respete la voluntad popular como en las cuatro elecciones anteriores.
Abogado ambientalista.