Temor a lo correcto
Cuando al principio de año muchos autos circulaban sin placas por razones ya conocidas, indagué a un amigo al respecto, quien me manifestó que algunos estaban aprovechando la oportunidad para que, en caso de un accidente, poder darse a la fuga sin ser identificado. No obstante, estaba convencido de que la mayoría de aquellos que decidieron no portar su placa no tenían la intención de cometer un delito, sino que querían tener la opción de no ser identificados en caso de un problema.
Lo anterior lo asocio a cuánto incomoda a muchas personas el no tener otras opciones que hacer lo correcto en cualquiera actividad. En una ocasión le pregunté a un amigo del porqué no había sido director de su departamento, a lo cual me respondió que él no quería tener enemistades por hacer lo correcto, que algunos de sus colegas tampoco querían que viniera con reglas posiblemente no agradables y que a sus superiores tampoco les agradaría la idea porque él no se prestaría para chanchullos políticos.
En otra ocasión un superior me manifestó que me había considerado para ser miembro de la comisión de disciplina, a lo cual le indiqué que de ser nombrado en ella pondría en el banquillo al que haya que poner. Nunca más me habló del tema.
En otra situación una directora de escuela le manifiesta a mi jefe su desacuerdo con que este servidor les diera clases a sus estudiantes. Al darme cuenta de que lo que más le preocupa a ella eran mis exámenes, le manifesté que los confeccionaría en coordinación con los profesores que habían dictado el curso anteriormente. “Te invito a supervisar mis clases” le sugerí, pero todo fue en vano. La situación me pareció muy extraña, hasta que un colega me comunicó que esa era una carrera con pocos estudiantes y “no muy aventajados” y que a ella le preocupaba que si el número de estudiante se redujera aun más, la carrera se cerrara.
Una de mis mayores desilusiones como educador es el tener la percepción de que algunos de mis estudiantes preferirían tener un profesor que se doblegue ante presiones, ceda ante influencias o se venda por dinero o sexo; aunque no tengan la intención de hacer uso de esas “alternativas”. Pareciera que incomoda el saber que la única forma de pasar un curso es estudiando.
También he tenido la percepción de que a otros les preocupa el hecho de que escribo artículos de opinión, al punto que de que me he sentido discriminado por quienes temen que me entere de algunas cosas. Puedo imaginarme que se siente como si un periodista estuviese merodeando por sus andares. Me resulta irónico que muchos de aquellos que recriminan a otros por hacer lo incorrecto, sean los mismos que le temen a los que se conducen por lo correcto.
