Tenemos lo que queremos
Las sociedades humanas, lo que son, -saben, producen y aspiran- son el resultado irremediable de las corrientes que internamente las determinan. En los escenarios modernos estas fuerzas se desarrollan por un lado en su libre mercado, si es el caso en que hayan sido estructuradas de tal forma, o mediante imposiciones superiores cuando se trata de sociedades en las que el libre albedrío mercantil se ha decidido tóxico a sus habitantes, siendo acá planificada desde las instituciones del Estado dentro de un modelo que puede llegar a ser responsable o irresponsable. Solo es responsable cuando cumple sus metas largo placenteras, como evidencia el caso de la China Continental y sus índices sociales incomparables en sus últimos 50 años.
En el Estado que nos ocupa, el panameño, se ha dejado, por supuesto, que el libre mercado actúe junto con todos sus atributos (atrasados y modernos), y de allí, la adopción del incomprendido modelo globalizado, de ejercicio jurídico y mercantil importado a nuestros mercados e impuesto a nuestra sociedad sin cuidado alguno, consecuencia natural de una sociedad inconsciente de su atraso, gobernada por el paradigma que la caracteriza.
Esta globalización foránea solo puede ser a esta atornillada, mediante una colusión gubernamental chantajeada, de la cual se aprovechan sus beneficiarios en explotación de las masas de desposeídos e incluso fundamentándose en descabellados “modelos jurídicos”, de allí que nada justo, productor desenfrenado de multitud de reglas, normas, leyes, costumbres, prácticas, filosofías y enfoques que han sido condensados e impuestos a la población de manera tajante e inhumana, dando por resultado una sociedad incrédula a toda filosofía, conquista histórica, antivalores, etc., que da pie a espacios mentales de convivencia que vienen a ser llenados por reales actitudes de supervivencia acomodadas a la rebeldía ciudadana respecto al orden de cosas, renegando y despreciando de allí toda norma de convivencia, paz y valores asociados.
UNA SOCIEDAD INCRÉDULA A TODA FILOSOFÍA, CONQUISTA HISTÓRICA, ANTIVALORES, ETC., QUE DA PIE A ESPACIOS MENTALES DE CONVIVENCIA QUE VIENEN A SER LLENADOS POR REALES ACTITUDES DE SUPERVIVENCIA, RENEGANDO Y DESPRECIANDO DE ALLÍ TODA NORMA DE CONVIVENCIA, PAZ Y VALORES ASOCIADOS.
Cuando me refiero a una intervención estatal, señalo el lamentable hecho de que, por lo general, son los propios criollos, no obstante, quienes por la naturaleza de las cosas ocupan con superioridad los altos cargos en nuestras asambleas de diputados, representantes de corregimientos y una infinidad de otros cargos públicos, así como magistraturas de justicia, entre otras, de impacto ciudadano, y aun así no solamente persisten las inequidades, los desaciertos, el rumbo autosuicida respecto a las generaciones futuras y su disfrute nacional (desprecio a la autosostenibilidad), sino que además se incrementan vertiginosamente las miserias materiales e inmateriales y se implementan cada día más terribles mecanismos tecnológicos de opresión y sometimiento poblacional que van cercando mucho más las posibilidades de libertad, deliberación y liberación de una sociedad que se autoestrangula con evidente diversión.
Este modelo capitalista de ineficiencias acumuladas y mediocridad generalizada da como resultado la configuración que acá tenemos y sus líneas de acción no pueden hacer otra cosa más que dañar a su población, que de paso, se torna ignorante, agresiva, mediocre y prisionera de sus defectos, por tanto, lo único que pueda de ella esperarse es su descomposición total junto con los sufrimientos, crímenes e injusticias que ya nos son demasiado comunes.
Con todo esto, lo que nos proponemos describir son algunos indicadores de por dónde vienen las cosas y hacia dónde nos dirigimos, sustentando nuestras observaciones a fin de demostrar que sí ha habido la posibilidad antaño de ser mucho mejores y de ahorrarnos tantos desatinos, sufrimientos y despilfarros.
La ruta actual no solo no resuelve nada, sino que además alarga temiblemente nuestros atrasos, mientras agotamos el planeta con nuestra insensatez social, pues somos conscientes y tenemos acceso a la información para no seguir haciendo las cosas así, no obstante, la terquedad del yerro se nos impone con rostro de hipocresía, prefiriendo disfrutar con egoísmo el apoderarnos de riquezas, en contra de la humanidad misma.