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Tengan cuidado al elegir el candidato a vicepresidente

Por: Redacción 10/10/2013

Guillermo A. Ruiz Q. (opinion@epasa.com) / Ingeniero y analista político

La presidenta de Argentina se encuentra en recuperación de una intervención quirúrgica importante realizada el pasado martes. En la antesala a este hecho, la opinión pública de ese país debatió si el actual vicepresidente, el excéntrico exministro de Economía Amado Boudou, debía, como efectivamente lo ordena la Constitución, asumir el poder de manera interina. Y es que, aunque parecería obvia la sucesión constitucional, la figura del vicepresidente argentino es, hoy por hoy, la del político más repudiado del actual gobierno. A pesar de que cuando fue elegido por la propia mandataria Fernández de Kirchner para ese cargo gozó de una inmensa popularidad, ese caudal político se desvaneció al surgir acusaciones de presunta corrupción y tráfico de influencias. Y a esto último hay que agregar la pérdida de apoyo por parte de figuras clave de la mandataria de esa nación. Boudou se encuentra en estos momentos bajo investigación por parte de la justicia argentina. Detalle importante que da pie a la controversia.

Elegir un candidato a vicepresidente de un país no es un detalle menor. Es cierto que en la mayoría de los casos, su única función es la de reemplazar al presidente por enfermedad y/o incapacidad temporal o permanente para ejercer. Hay otros países –los menos– donde las funciones del vicepresidente también tienen que ver con la dirección de la Cámara baja legislativa o Senado y su voto es crucial para los desempates. En la propia Argentina, la presidenta Fernández vivió esta realidad cuando su entonces vicepresidente Cobos se puso del lado opositor a la hora de aprobar una polémica ley que los enfrentaba al sector agropecuario en su mandato anterior. Eso creó una crisis entre ambos funcionarios electos que nunca se resolvió. Evidentemente que la actual presidenta ganó, al final, ese pulso.

Países como Chile y México sencillamente no eligen vicepresidente. Queda en manos del presidente del Senado tomar las riendas del Estado y conducir al país a unas nuevas elecciones en caso de falta absoluta.

Hay casos en que, cuando el gobierno repite, el candidato se ve forzado a sumar en su fórmula presidencial a un cercano del mandatario gobernante, como es el actual caso de la República Dominicana, donde la vicepresidente es la esposa del expresidente Leonel Fernández, la ex primera dama Margarita Cedeño.

Cuando los gobiernos requieren de coaliciones para llegar al poder, como nuestro caso local, la fórmula presidencial termina compuesta por políticos de diferentes tendencias ideológicas. Es aquí donde quiero llamar la atención.

¿Qué pasaría si hoy, por supuesto que en un hipotético y no deseado caso, tuviera que asumir el actual vicepresidente de Panamá el cargo? Se crearía una inmediata crisis, ya no de gabinete, sino de gobierno completo. Lo mismo hubiera sucedido si Rubén Arosemena hubiera tenido que tomar el control del Estado en tiempos de la administración de Martín Torrijos.

Este tipo de crisis descrita anteriormente frenaría de golpe el crecimiento económico del país, ya que los inversionistas extranjeros activarían las alarmas al máximo hasta que el panorama quedara claro. Ni hablar de la acción gubernamental: el inicio de auditorías, reuniones con proveedores, paralización del propio sector de trabajadores públicos, etc.

Es todo un tema por revisar la conformación de una fórmula presidencial. No se trata de una llanta de repuesto solamente, se trata de una persona que pueda brindar la garantía de continuidad del proyecto de gobierno iniciado, que está en la capacidad de ser tan transparente en el traspaso del poder como lo puede hacer un piloto al copiloto de avión en el aire.

Lo sucedido en Argentina, donde un político impresentable está al frente de la nación, solo sostenido por la letra de la Constitución y donde no cuenta ni con el apoyo ciudadano y mucho menos de los copartidarios de su aún jefa, es una lección que todos los políticos de nuestra siempre improvisada región deben aprender.

Los panameños debemos estar muy pendientes no solo de los candidatos presidenciales, también el tema de quién será el vicepresidente es crucial. Nada está garantizado en la vida y por eso hay que tener mucho cuidado en elegir la fórmula, no solo por su capacidad de resolver los problemas nacionales, también para que garanticen la estabilidad de nuestro sistema democrático durante todo el periodo de gobierno. Ambos.

Si de algo podemos aprender de la actual coyuntura de nuestra fórmula presidencial vigente, es sobre la necesidad de que el vicepresidente sea el que continúe las políticas gubernamentales, y no un simple reemplazante, como de manera muy fría lo indica nuestra Constitución.

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