Tensa situación
La cacería del autor del caso más resonante de fuga de información de inteligencia militar de Estados Unidos, Edward Snowden, llevó a cuatro países de Europa occidental a cometer una gaffe diplomática contra la seguridad aérea del presidente de Bolivia, Evo Morales. Los convenios de reglamentación de la navegación aérea, sobre todo el Convenio de Chicago, establecen el privilegio de volar sobre el territorio de un Estado sin aterrizar en él. Al avión presidencial de Bolivia le fue prohibido volar en el espacio aéreo de Francia, España, Portugal e Italia, con lo que se transgredió la legislación reconocida por el Derecho Aeronáutico, con base en sospechas sin fundamento de la presencia de Snowden.
De esa manera, Francia, Italia, Portugal y España, al querer evadirse de responsabilidades por el posible desembarco de un pasajero incómodo, incurrieron en actos no amistosos contra el gobernante boliviano. Organizaciones internacionales de América Latina rechazaron que los países europeos impidieran el sobrevuelo de la aeronave que transportaba a Morales, e interpretaron el hecho como una agresión política inadmisible.
La Ley 21 de 2003, que regula la aviación civil panameña, establece que “la República de Panamá tiene soberanía completa y exclusiva en todo el espacio aéreo situado sobre su territorio, tal como este se describe en la Constitución Política… toda aeronave que se encuentre en el territorio o espacio aéreo nacional, así como su tripulación, los pasajeros y la carga quedan sujetos a la jurisdicción y competencia de las autoridades panameñas”. Tratándose del caso de un Gobierno con el que Panamá mantiene cordiales relaciones diplomáticas, con base en la libertad de navegación formalmente contemplada por la legislación panameña, sin duda se aceptaría la solicitud de sobrevuelo del espacio aéreo de la nave que transportara a Morales. En situaciones excepcionales, el tránsito de aeronaves de Estado, por razones de seguridad, se norma por los convenios aéreos internacionales suscritos por Panamá.
Afortunadamente, Panamá está fuera de la atmósfera de reclamaciones sobre espionaje internacional que tensa las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea. Snowden afirma que Estados Unidos usa un programa informático para interceptar informaciones militares confidenciales hasta de aliados estratégicos. Su situación legal es incierta porque ha solicitado asilo a más de una veintena de países, pero la mayor parte ha respondido negativamente, incluso Rusia, cuyo presidente, Vladimir Putin, lo ha exhortado a no continuar divulgando información de alto contenido estratégico.
Las confrontaciones diplomáticas desatadas por la divulgación ilegal de información diplomática y militar llevan a un clima de recelo similar al que caracterizó la Guerra Fría. Se especula en círculos europeos que el espionaje somete a riesgos las negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la comunidad de naciones del sistema de integración. La Casa Blanca aclarará el affaire por canales diplomáticos bilaterales. Resulta lamentable que naciones de América Latina se vean involucradas, de una y otra manera, en conflictos en los que se entremezclan errores diplomáticos garrafales, soberanía y seguridad.