Tensión política
La tensión que existe dentro de los partidos políticos de oposición podría restarles fuerzas con miras a 2014, cuando se realicen las elecciones generales.
La división es obvia, y aunque se escuchen en el fondo mensajes que llaman a la unidad, no existen las condiciones para unificar ideas y criterios.
La lucha por liderar a la oposición es tan fuerte que en ocasiones se olvidan de las realidades del país y apuestan por desacreditar, sin reconocer las cosas buenas.
La única fórmula que parecen conocer es desprestigiar al gobierno de turno para ganar simpatía entre los ciudadanos que tienen el poder del voto.
Atacar las bondades del país con la única intención de subir en las encuestas o ganar seguidores es irresponsable.
Las estrategias que se emplean son arriesgadas y ponen en peligro la estabilidad de un país que crece a un ritmo impresionante.
La lógica sería resaltar los logros del país, no tan solo de un gobierno, porque en este crecimiento y desarrollo participan todos los sectores productivos del país.
Si logran sentarse en la silla presidencial, sería una gran ventaja para ellos tener un país repleto de grandes obras y sectores en desarrollo.
Los partidos opositores están en crisis y nadie puede negar esa realidad. En el caso del Partido Revolucionario Democrático, los dirigentes que históricamente controlaron ese colectivo perdieron el poder contra Juan Carlos Navarro. Ahora, la batalla interna ha llegado a niveles sorprendentes donde algunos de los veteranos líderes hacen todo lo posible para que fracase la aspiración presidencial de Navarro.
Por el otro lado, Juan Carlos Varela intenta ser oposición cuando vivió dos años en gobierno. Su discurso no convence ni tampoco tiene credibilidad.