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Teodoro Linares, los árboles y la luna en Santiago de la Frontera

Por: Redacción 04/04/2017

En 1988 entrevisté a Teodoro Linares en Ojo de Agua, Municipio de Santiago de la Frontera, Departamento de Santa Ana. Otros municipios conservaban nombres indígenas: Masahuatl, Metapán, Guachipilín, Texistepeque y Chalchuapa.

Teodoro participó en un proyecto de viveros comunales para producir árboles de rápido crecimiento y diesen al campesino madera, leña y carbón. Nuestra contraparte fue el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

En sus 20,000Km2, Salvador tenía 5 millones de habitantes, 241 por Km2.

Eran tiempos duros. En 1969, Honduras expulsó 150,000 salvadoreños tras la guerra entre ambos. En 1973, el boicot petrolero árabe elevó los precios de los combustibles, el gas de cocinar y el querosín. Se disparó el consumo de leña, la deforestación y erosión de suelos. Durante los 70 se crispa la violencia. En 1980 estalla la cruenta guerra civil que duraría hasta 1992.

Teodoro me habló de los cultivos en suelos volcánicos, los árboles y la luna.

“Mis padres eran de esta comunidad. Aquí nací. Tengo 37 años. No soy casado, por lo civil solo. Hijos, seis. Estudié hasta cuarto grado por la situación económica de mis padres. En esa época aquí no habían escuelas. Mis padres no me mandaron hasta Paraje porque significaba más sacrificio. Yo tenía deseos, pero los padres de uno no hicieron el ánimo. Mi papá trabajaba la agricultura. Ellos no estudiaron, aprendieron a leer porque otras personas les ayudaron. No había escuelas en esa época de ellos. En Candelaria y Santiago sí. La distancia de aquí está lejos y en esa época no habían carreteras.”

“Aquí la tierra sirve para maíz y frijol. Es el producto que se extiende más la población a trabajar. Otras siembran maicillo, escoba, fibra para escobas que barren. En Santiago de la Frontera es la industria que tienen.”

“La tierra varía de un lugar a otro. Hay tierra buena fértil y tierra mala. Para frijol y maíz es la tierra negra porosa. Cualquier cultivo que uno siembre da. Hay tierra barrielosa, pegajosa y otra que le decimos arenales, tiene tierra pero lo más es arena. Hay zonas pedregosas y zonas que no hay piedras. Pero más que todo esta zona toda son pretiles, terrenos 'ónde hay bastante piedra pegada. Hay zonas pedregosas, pero piedra suelta. Nosotros llamamos pretiles una zona 'ónde solo hay piedra pegá', ‘onde uno va sembrando buscando los claros. Buenísimas para frijol y maíz, resecas en partes más altas.”

“Aquí solo en invierno siembra uno. A base de regadío pocos los pedacitos se pueden hacer. Cuando estaba en 12 años la mayoría sembraba maicillo, ahora poco.”

“Antes llovía más. Había más bosques. Con los años la población ha ido creciendo y el hombre ha ido talando las montañas. Hemos llegado a una época que no contamos con montañas en El Salvador. 'Onde hay más montaña llueve más. Aquí lleva tres años que las lluvias no llegan en tiempo adecuado y se van temprano, octubre. La tierra ha ido perdiendo su potencia. Como el hombre que tiene su terreno lo que hace es trabajá' y trabajá' su tierra, llega a perder la fertilidad que tenía antes. Ahora necesita bastante fertilizante para que produzca.”

“Cuando caen aguaceros grandes se forman corrientes y atraviesan los terrenos y hacen erosiones. Se llevan la tierra fértil, quedando la dura, la barrielosa, no se la lleva porque es tierra dura. Se lleva la suelta.”

“Mi papá me contaba que cuando había montañas había animales. Que ‘a tal parte no vayás a dir porque hay culebras, animales malos’”.

“De los árboles sé el nombre y conozco varios, roble, encino, matiliguat, laurel, cedro, ceiba, amate. Hay variedades de amate. Una, amate blanco. Palo de moro produce chibolitas para hacer guacalitos, paraíso, conacaste, cortés, San Andrés, madre cacao y madero negro. El cedro es buenísimo por su buena madera. El conacaste y el laurel son buenos. El que no da para madera, produce leña o postes para cerca.”

“En el guatal cuando veo laurel, ahí lo dejo. Uno va viendo el palo que va recto, lo va dejando. El torcido es para leña.”

“Las personas cuando hacen sus ranchos de madera rolliza, la no aserrada, busca tiempo de luna. Que no vaya a estar en luna tierna. Que la luna esté de llena para que no se pique. Después de la luna llena es el tiempo de cortar madera para construir su rancho uno. Si lo corta en luna tierna, se pica. Son tradiciones desde tiempos antiguos y así hacen las personas.”

“Para sembrar, si es árbol frutal, hay que buscar la luna. La costumbre es el once de luna, cuando la luna tiene 11 días de nueva. Para el palo común no hay luna. Aquí creen que en luna tierna se va en vicio las plantas, crecen mucho.” 

Antropólogo

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