Terminó un periodo legislativo con más penas que glorias
Lo que mal comienza mal termina. Sin dudas este presagio se aplica al periodo legislativo del presidente de la Asamblea Nacional, Héctor Aparicio, quien asumió en medio de una pugna entre los entonces aliados de Cambio Democrático (CD) y del Partido Panameñista y que culminó la segunda legislatura en medios de críticas y cuestionamientos por la improductividad e inasistencia de los diputados.
Las críticas a la junta directiva, que estará hasta el próximo 30 de junio a cargo de los destinos de la Asamblea, no solo se dieron por parte de los opositores, sino que sus propios copartidarios consideran que hizo falta mayor voluntad y autoridad para que se avanzara en el debate de múltiples proyectos de importancia nacional.
Los cuestionamientos al Órgano Legislativo, no son algo nuevo, pero en este periodo se dieron con mayor fuerza e insistencia sobre todo por los actos bochornosos que se registraron, incluso donde el propio vicepresidente de la Asamblea Marco González estuvo involucrado.
Al final de esta legislatura, las críticas no solo afectan a los miembros de la junta directiva, sino que llegan hasta cada uno de los diputados que forman parte de ese órgano del Estado y con ello se afecta la institucionalidad, por la cual siempre se ha luchado.
La improductividad de este periodo, es justificada por los directivos de la Asamblea, al largo tiempo que duró el diálogo y debate sobre el tema de la minería y las hidroeléctricas, no obstante más que el número de proyectos la ciudadanía espera que las propuestas que se discutan y aprueben vayan en beneficio de las mayorías, algo que muy poco sucede.
Los diputados tanto de gobierno como de oposición deben buscar un mecanismo que permita que de forma paulatina la Asamblea se convierta en la práctica, en el primer órgano del Estado.
