‘Terrenos de 100 metros por calculadora’ en escritos oficiales
En una clase que di hace unos meses, un joven, que ya no era escolar, me realizaba una comprobación de una materia técnica en la que restaba entre más o menos algo así: ocho mil menos cuatro mil y el resultado le dio siete mil. Él seguía alegremente el procedimiento, pero ya la lengua me picaba y lo tuve que interrumpir. Joven, le dije, ¿cómo salió esa resta? ¿Cómo de ocho mil al restarle cuatro mil le dio siete mil? Él no contestó palabra, simplemente me enseñó la pantalla de su calculadora. ¡Ya!
Sinceramente, casi me da un desmayo. Parece ser que la nueva generación no tiene consciencia de la capacidad de su mente y prefiere lo mecánico y programado, que lo analítico y examinado. Lo que dice la computadora y la calculadora es la verdad absoluta, aunque para la lógica de la mente es un absurdo.
Pero las nuevas generaciones no tienen totalmente la culpa. Ya me ha tocado ver documentos oficiales en los que se mencionan terrenos de 100 metros y no se tiene la menor idea de que un terreno así no existe, a menos que sea solo una línea recta y el vecino sí tenga su terreno de 100 metros cuadrados.
De igual manera, en los noticieros se habla de medidores de electricidad que miden kilowatts, cuando la verdad es que los medidores están calibrados para los kilowatts-horas. Ni qué decir cuando nos toque pedir la carne en gramos debido al nuevo cambio de medidas, ¡será todo un mundo de complejidad decir que queremos 900 gramos de lomo en vez de dos libras!
Y es que no respetamos a su Majestad las Matemáticas, ni autoridades ni medios de comunicación realizamos docencia sobre su importancia y su extrema utilidad en la vida práctica.
Incluso, la gramática es más respetada que la ciencia de los números: ya mucha diversión se afanó con el famoso “much hot”, pero nadie se da cuenta cuando un comentarista habla que no habrá más subsidios para los usuarios de 500 kilowatts (lo correcto es 500 kilowatts-hora, aunque es una medida física, no es lo mismo ni se escribe igual).
Presente y nuevas generaciones deben dar un impulso mayor a esta ciencia, ya que se convierte en el termómetro de nuestro desarrollo como país culturalmente progresista.
Sería un honor para todos si fuésemos el primer país latinoamericano con un alto índice en Matemáticas y no como ocurre actualmente, que es el filtro absoluto para frenar a la juventud a la entrada de las universidades.
No continuemos caminando entre rascacielos, puentes, aeropuertos y edificios, pero con la mente y el cerebro de un lego aldeano. Un saludo a todos.
