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Terror y esclavitud

Por: Redacción 02/12/2015

Muchos pueblos han perdido el poder de autogobernarse y el mundo, cada día, es más ingobernable. Como consecuencia de esta masa de violentos, algunos ciudadanos se ven obligados a huir, en busca de otros espacios más pacíficos. La mundialización del terror, como la esclavitud en todas sus formas, es una bochornosa realidad que está ahí, en parte debida al progreso científico y tecnológico, que en lugar de contribuir a mejorar el bienestar de toda la ciudadanía, lo que hace es producir armas cada vez más perfeccionadas y, por ende, más destructivas.

Naciones Unidas acaba de recomendar un conjunto de estrategias para orientar a los Estados y al sector privado en sus esfuerzos por impedir que los terroristas se aprovechen de los medios de comunicación de Internet y sociales para reclutar terroristas e incitar actos terroristas, respetando siempre los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Indudablemente, no se puede permanecer pasivo o indiferente, ante esta mundialización del terror o de la esclavitud, dolorosas plagas del mundo presente, puesto que su propósito es destruirnos como personas y hasta destruir nuestro propio hábitat.

Es verdad que el terrorismo está ahí como amenaza, pero también la esclavitud es un drama injertado en la sociedad del planeta que, a veces, se nos pasa desapercibida. Basta recordar la trata de personas, el comercio de niños o el mismo comercio del sexo. La explotación de los seres humanos está, frecuentemente, en nuestra misma maquinaria productiva, o en el propio trabajo forzado, impidiéndonos soñar y hasta volar, porque suele cerrarnos el futuro.

Ante esta mundialización del terror y la esclavitud, considero más que necesaria la creación de un tribunal internacional para que pueda juzgar a estos grupos opresores, ya sean terroristas organizados, fundamentalmente criminales, o dominadores sin escrúpulos, que podrían tener algún refugio en algún país, y disuadir de este modo la pena, con lo que ello supone de incumplimiento, dejadez y permisividad. Está visto que el terror frena cualquier desarrollo e impide la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar. Además, con el terrorismo, aparte de causar dolor, devastación y muerte, bloquea el diálogo entre las naciones, desviando los recursos, que son de toda la ciudadanía, para financiar sus propios fanatismos y adoctrinamientos. Igual acontece con el flagelo de la esclavitud contemporánea, para derrotarla se necesita una movilización de conciencia, y entonces, sí que se globalizaría el mundo, pero como familia humana, con auténtico vínculo de fraternidad. Que nos hace falta.

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