Terror y violencia en América Latina
La situación generada este fin de semana en México --el grupo de “Los Zetas” dejó en la carretera 49 cadáveres con mensajes-- no es de extrañar, pero sí es muy preocupante, ya que este mes de mayo cien personas han aparecido decapitadas en diversos estados mexicanos, y las posibles víctimas podrían ser miembros de los carteles rivales o simples migrantes que buscan una oportunidad para llegar a Estados Unidos.
Pero esta situación no es la única que ha llamado nuestra atención esta semana, sino el caos y la violencia que se ha apoderado de Honduras, donde en casi dos años de gobierno de Porfirio Lobo, unas 12 mil 838 personas han perdido la vida.
Los secuestros de periodistas, políticos y los asesinatos sin resolver están ocupando la atención de las autoridades.
Este fenómeno de violencia también se repite en Guatemala y El Salvador, países en donde las cosas van de mal en peor, sin que las autoridades puedan frenar esta ola de crímenes que les es atribuida --en la mayoría de los casos-- a los carteles del narcotráfico que han expandido sus tentáculos a varios países centroamericanos que han servido de paso para las drogas al mercado norteamericano.
Tanto el presidente de México, Felipe Calderón, como el de El Salvador, Mauricio Funes; Otto Pérez Molina, de Guatemala, y Porfirio Lobo, de Honduras, han hecho su mayor esfuerzo para combatir la violencia, pero parece ser que están perdiendo la batalla.
No hay que dejar de lado a otros países como Colombia, que combate a la guerrilla; Perú, a un reducto de Sendero Luminoso; Paraguay ahora enfrenta al grupo guerrillero Ejército del Pueblo Paraguayo, que se dedica al secuestro extorsivo.
Ante estos hechos, Costa Rica y Panamá, cuyos niveles de violencia son relativamente controlados, deben poner sus bardas en remojo para evitar esta catástrofe social.
