Terrorismo
El tenebroso fantasma del terrorismo emergió de pronto en una carrera de maratón de 23,000 aficionados locales y extranjeros en el Back Bay de Boston, levantando el ominoso recuerdo de la tragedia de las torres gemelas de Nueva York. Dos artefactos manuales de explosivos sacudieron el pavimento cuando los maratonistas habían pasado la meta. Al disolverse la humareda, yacían en el suelo 3 muertos, 140 heridos, mientras huían numerosos bostonianos presas del pánico.
Los norteamericanos temieron que el suceso de Boston representara el regreso del terrorismo de Al Qaeda. La policía ha detenido a un saudita de 20 años que fue a un centro asistencial con graves quemaduras, no se sabe aún si fueron provocadas por él mismo o si es otra víctima del súbito acto de terror. Se han hallado restos de los explosivos de manufactura artesanal envueltos en cartuchos plásticos. Pero aún se desconoce quién o quiénes tramaron la conspiración terrorista; pero, tarde o temprano, se podrá llegar a conocer la identidad de los terroristas, sobre los que recaerá, según advirtió el presidente Barack Obama, todo el peso de la justicia.
El FBI ha desplazado su largo brazo investigativo tanto dentro de EE.UU. como en la esfera internacional, acentuando la investigación en las zonas del extremismo islamista –Paquistán, Afganistán, Arabia Saudita y otras– que sirven para entrenar terroristas. Sin embargo, también el FBI posará la lupa en el interior estadounidense a la búsqueda de perturbados mentales o de individuos que se sientan acosados por el debate en torno a la venta libre de armas. Esta hipótesis reposa en la elección de un escenario deportivo y no en algún símbolo del poderío material, como fueron las torres gemelas y el Pentágono. La pregunta es si debajo de este tipo de terrorismo urbano de escasa potencia pueda esconderse el resentimiento de alguien lacerado por la competencia deportiva. La maratón de Boston se repite desde hace cerca de un siglo entre atletas y corredores aficionados. Es significativo que las bombas estallaron cuando la mayor parte de los competidores cruzaron la meta, y no hay afectados de la explosión entre ellos. Las víctimas, según The Boston Globe, son personas que presenciaban el espectáculo. En You Tube han aparecido signos extraños dibujados por personas que dan la impresión de conocer los ataques antes de descargarse. La policía estatal de Boston y los detectives del FBI siguen pistas e indicios que, probablemente, enfoquen las investigaciones tras el hallazgo de explosivos artesanales.
La repetición de balaceras en escuelas o de ataques en nombre de un odio devastador contra determinadas personas, como en el caso de una parlamentaria del partido demócrata, inducen al análisis cuasi psicoanalítico de individuos aparentemente inocentes que, de pronto, empuñan pistolas y rifles y disparan a mansalva a quienes están en aulas, salas cinematográficas o en cualquier lugar. Desde el asesinato de atletas israelitas en Múnich, no se habían dado actos de terrorismo contra deportistas. Las olimpiadas se organizaron para cultivar la paz y la concordia entre naciones. El deporte se distorsiona cuando el fervor se convierte en fanatismo y el torneo se transfigura en rencillas manchadas por sangre. Ojalá esto jamás acontezca en Panamá.