Terroristas en Siria
El informe anual sobre el terrorismo internacional del Departamento de Estado da a conocer la presencia fraccionada de Al Qaeda y diversas organizaciones terroristas musulmanas en los frentes rebeldes que combaten contra el gobierno de Bashar al Assad de Siria. No existe un comando único de rebeldes sirios sino un rompecabezas de grupos de yihadistas (musulmanes extremistas sirios) y grupos de combatientes del Medio Oriente, África del Norte, Asia y Europa, entre los cuales está Al Qaeda, pero sin tener el liderazgo militar. El complicado cuadro de fraccionamiento militar y político de los rebeldes plantea dudas estratégicas a la implementación de suministro de armamentos a los rebeldes sirios por acción de Estados Unidos, Inglaterra y otros países.
Los analistas militares occidentales temen que, si abdicara o fuera derrocado Bashar al Assad, podrían salir del sartén para caer en las brasas, al poder presentarse un escenario de luchas intestinas entre las facciones de rebeldes coyunturalmente unidos contra el gobierno, pero después posibles adversarios para controlar a cualquier precio el mando político.
El júbilo despertado por el inicio de la Primavera Árabe se ensombreció en Túnez y Libia al desencadenarse actos de terrorismo contra Estados Unidos, de los cuales fue asesinado su embajador en Libia. El terrorismo cotidiano entre miembros de grupos religiosos antagónicos de Irak y las ambigüedades del régimen de Afganistán ante el apoyo norteamericano, revelan que allá se destapó una caja de Pandora, de cuyo interior emergieron demonios iguales o peores que los del pasado.
Volviendo a la situación siria, diremos que la posible salida democrática se agrava por la obcecación de Bashar al Assad en perpetuarse en la presidencia mediante la convocatoria a elecciones generales presumiblemente arregladas, según sus detractores, para que prosiga al mando.
Esta posición reeleccionista del representante de la dinastía siria contradice las negociaciones de Ginebra con los rebeldes, que aceptaron sentarse a discutir las posibilidades de un gobierno de transición, sin Bashar al Assad. Se especula que la candidatura a la reelección podría desarticular la mesa de negociaciones.
El representante de la ONU en las negociaciones, Lajdar Brahimi, renunció ante la ausencia de progresos en acuerdos para poner fin al conflicto. El detonante de la renuncia ha sido la convocatoria a elecciones y la candidatura reeleccionista de Bashar al Assad.
La ONU ha expresado su preocupación de que se llegue a postergar indefinidamente la búsqueda de entendimientos entre gobierno y los rebeldes sirios debido a que la crisis de Ucrania concentre el interés de las potencias occidentales, en detrimento del problema sirio.
En los hechos, poco o nada ha cambiado en Siria. La guerra interna se ha intensificado y Bashar al Assad no envía señales de soltar el control de la dinastía que rige Siria por más de medio siglo. Si el poder llegara a transferirse a los grupos extremistas no existen garantías para la futura gobernabilidad en el contexto de la democracia occidental. Habría que explorar alternativas autóctonas de gobierno. Habría que darle un giro de tuerca al encaramiento de la problemática del Medio Oriente. El tránsito del tribalismo a la institucionalidad democrática procrea más encrucijadas que soluciones, como lo están demostrando Libia, Túnez y el militarismo de Egipto.