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Testamento


El comunicado de los notarios públicos mediante el cual han declarado el próximo octubre como “EL MES DEL TESTAMENTO”, y por el cual desean orientar a la comunidad sobre la conveniencia para los jefes de familia de que dispongan en qué forma desean transmitir sus bienes a sus seres queridos después de su muerte, me parece un laudable propósito.

Mi experiencia sobre la materia en mi larga carrera profesional me ha enseñado la conveniencia de aconsejar cómo testar y cuán útil es para la armonía familiar, aunque no se tengan muchos bienes, repartirlos justicieramente. Eso requiere un riguroso examen de conciencia antes de decidir.

No siempre es justo repartir los bienes por igual; si se hace así, no a todos los hijos se les debe entregar de inmediato su parte, sino crearles un fideicomiso. Esto consiste en la disposición del testador de que una persona natural o jurídica administre los bienes de un heredero y haga inversiones juiciosas a su favor si alguno de ellos es menor de edad, alcohólico, jugador o disipado y preferiblemente designar un banco para ello.

Considero que testar es un deber. Por no haber testado, muchos jefes de familia la han sumido en trágicas divisiones, ruidosas peleas, demandas de unos contra otros y distanciamientos; y desventuradamente, quien podría imponer el orden y fue el responsable del caos que se produjo entre los suyos, no podrá hacerlo por haber muerto.