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Tiempo de justicia


Poco queda de la gran gloria de la que disfrutó el antiguo imperio persa y del esplendor del Rey Ciro II (el Grande), célebre por la abolición de la esclavitud en sus territorios. Con poderoso ejército, sus conquistas las realizaba con una actitud respetuosa hacia los pueblos dominados, reconociéndoles su identidad cultural, su religión y costumbres. Ejemplo, los judíos pudieron volver de Babilonia a Palestina y reconstruir el templo de Jerusalén.

Es paradójico ver cómo en lugar de lograr avances, algunos pueblos sufren retrocesos, no solo en los aspectos económicos sino en términos culturales y sociales.

Los ciudadanos del Irán de hoy padecen de uno de los peores flagelos: la intolerancia. Las flagrantes violaciones a los derechos humanos de las minorías étnicas y religiosas, contra defensores de derechos humanos y contra las personas con ideas que vayan en contra de lo que establece el estricto código islámico “sharia” deben tener al Rey Ciro, El Grande, retorciéndose en su tumba. Nada queda de aquella tolerancia que se practicó más de 500 años a.C. El flagelo del fanatismo religioso ha permeado no solo a Irán sino a sus vecinos quienes ya están sufriendo una revolución a manos de sus pueblos quienes repudian tantos abusos y represiones.

Existen organismos internacionales que, aunque no tengan poder de legislar, tienen la fuerza moral que influyen en la esfera internacional. El más claro ejemplo lo constituyen las Naciones Unidas y sus agencias, las cuales emiten resoluciones moralmente vinculantes para sus países signatarios. Recientemente el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas adoptó una resolución respecto a la situación de los derechos humanos en la República Islámica de Irán durante su Décima Sexta sesión llevada a cabo en Ginebra, Suiza del 28 de febrero al 25 de marzo de 2011. Dicha resolución fue coauspiciada por 52 países, entre ellos Panamá, como clara muestra de que las naciones están dispuestas a exigir a la comunidad internacional, observar las reglas de convivencia internacional y como advertencia de que estarán bajo su escrutinio. La comunidad bahá’í de Panamá se encuentra especialmente preocupada por la suerte de cientos de miles de sus correligionarios en Irán quienes sufren persecuciones y encarcelamiento. Sus únicos “crímenes” han sido profesar una fe distinta aunque no adversa al Islam, y trabajar por la paz y el mejoramiento del mundo. Esperamos que con el nombramiento del Relator Especial de la ONU, Irán se apreste a rendir cuentas por estas violaciones y se comprometa a tomar las medidas correctivas que apliquen.

Médico.