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Tiempo libre y tareas escolares


Antonio Castillero (opinion@epasa.com) / Profesor universitario.

La interrogante que encabeza este escrito parece inocente y hasta podría decirse que fuera de lugar en estos tiempos de la información y el conocimiento.

No sería efectivamente nada, si no viniera justamente de alguien que está más cerca de la experiencia vital, de lo cotidiano, y para el que precisamente el uso del tiempo tiene mucho que ver con el aprendizaje, el que dura para toda la vida. Ese que sirve de plataforma para el desarrollo de la imaginación y de la creatividad, que libre de las ataduras de la rigidez escolar, les permite a estos sujetos incursionar por caminos en los que se tejen mil y un pensamientos.

En la época escolar, pareciera que se ha estigmatizado la noción de “tiempo libre”. Pareciera también que los chicos tienen que estar ocupados “todo el tiempo” porque, mientras dure la escuela, ese recurso solo debe utilizarse para fines escolares que no siempre dan como resultado niños o jóvenes que cuentan con conocimientos, que saben hacer cosas, pero que, además, saben pensar y que son capaces de mostrar todo su ingenio a través del uso de la imaginación fértil en esta época y la creatividad que permiten no solo el conocimiento que muchas veces la soporta, sino también el uso del tiempo para que esto ocurra.

Una chica de solo siete años lanzó la pregunta: Mami, ¿qué es un fin de semana?

La pregunta impactó tanto a la madre que no alcanzó a reaccionar de inmediato. Luego, como pudo, trató de explicar que un fin de semana es un tiempo, dos días, en los que uno puede dedicarse a diversas cosas como pasear, divertirse, ir a la iglesia...

Y entonces, nuestra pequeña filósofa que, a esta altura no entendía lo que chocaba a la lógica más elemental, preguntó de nuevo: ¿Y por qué yo tengo que hacer tantas tareas que no me dejan tiempo para hacer todas esas cosas que tú dices? Esto puede quedar en una simple anécdota infantil, algo sin importancia, que solo se les ocurre a los niños desaplicados, perezosos; de esos que no quieren hacer nada más que jugar, sin ocuparse mucho de sus “responsabilidades escolares”. Pero si se mira con los lentes de la crítica pedagógica, la situación cambia, y mucho.

No tengo suficiente información para afirmar que sobre este tema de las tareas escolares nadie ha investigado en este país. Pero por lo que escucho y observo con frecuencia, pareciera que en un afán por la “eficiencia” y la “productividad” la escuela se ha convertido no precisamente en un lugar agradable donde aprender en la infancia. Por el contrario, se toman como las mejores escuelas aquellas que dejan más asignaciones a los niños; las que “no les permiten” otra cosa que no sea “estudiar”; para que puedan hacer dos, tres y hasta cuatro “pruebas” cada día, bajo el supuesto de que la mente ocupada en esos menesteres es la que logrará la “disciplina mental” necesaria para un aprendizaje significativo y de calidad.

Error de concepción y error de estrategia. ¿Cuál es el sentido de las tareas escolares? Sería bueno que los padres de familia se ocuparan un poco más de analizar no solo la cantidad de asignaciones, sino el tipo y magnitud de las que cada día llevan como un pesado fardo a casa luego de una jornada en la que casi hicieron lo mismo que lo que se les pide hacer después de la jornada diaria; fardo a veces con mayor peso que la famosa mochila causante de no pocas desviaciones de la espina dorsal de muchos niños en este país.

Todo esto con desprecio de lo que en otros lugares se ha mostrado en torno a esas asignaciones y que no las erradican del sistema, sino que tienen otros propósitos más cercanos al aprendizaje que a solo mantener a los niños “aparentemente haciendo como que aprenden”.

¿Qué es un fin de semana?

Nada diferente a lo que haces cada día, hija, hasta que pase la escuela.

Profesor universitario.

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Lunes 17 de agosto de 2026