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Tiranía y democracia


Hace más de cuatro décadas, Libia sufrió un golpe de Estado perpetrado por Muamar Gadafi, furibundo o enemigo de Occidente y absolutista de los más siniestros. Este personaje extravagante, con los recursos del petróleo financió actividades terroristas del fundamentalismo islámico, inclusive apoyó a ETA, sandinistas, rebeldes salvadoreños y a las colombianas FARC.

Al preconizar “la revolución mundial”, estableció un centro para reclutar extranjeros y entrenarles, en inteligencia, propaganda, sabotaje y lucha armada. Se recuerda, con horror, dos de sus más abyectas acciones: la destrucción de aeronaves comerciales, en pleno vuelo, con centenares de pasajeros. Ante las sanciones de la ONU y en gesto de dudosa credibilidad, afirmó que renunciaba al terror y se regeneraba.

Frente a la falaz propaganda de esta clase de sujetos cuya única obsesión es eternizarse en el poder, al que consideran vitalicio e incluso hereditario, algún momento llegan las brisas de la libertad y la democracia; allí de nada les sirve los “comités de defensa de la revolución” que estructuran, con fines de personal respaldo y de ataque a quienes se atreven a no compartir la omnímoda verdad oficial.

El dictador libio, que espero haya caído cuando se publique este artículo, está reprimiendo con mercenarios, incluso con aviones y helicópteros militares, a las decenas de miles de civiles que se hallan desafiando su omnipotente autoridad; se ha informado que son varios cientos los muertos y miles los heridos ocasionados por la feroz represión.

Las reflexiones precedentes son oportunas aún más si se considera el diagnóstico efectuado por el secretario general de la OEA, en el foro “Los temas de nuestro tiempo”, organizado por Diario El Tiempo, de Bogotá y en el que participaron, además, Michael Shifter y Sergio Ramírez, presidente del Diálogo Interamericano y ex vicepresidente de Nicaragua, respectivamente.

Aseveró José Miguel Insulza que tres son los principales problemas estructurales: la pobreza, en la cual se hallan inmersos uno de cada tres latinoamericanos; el crimen organizado, con su núcleo el narcotráfico que no respeta fronteras de ninguna índole; y, la propia gobernabilidad democrática que tiende en algunos países a cambiar los gobiernos colectivos por los individuales que concentran el poder. También fue enfático al preconizar que son necesarios el fortalecimiento de las instituciones, así como el control y la independencia de poderes. En ese mismo sentido giraron las exposiciones de Sergio Ramírez, que condenó el uso de las instituciones para perpetuación en el gobierno y de Michael Shifter que enfocó los retrocesos en temas de libertad de prensa y de expresión.