TLC con Colombia
La firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Panamá y Colombia persigue la expansión del intercambio económico de dos naciones unidas por la vecindad fronteriza. En el periodo de la negociación de Estado a Estado que arrancó en el año 2010, la inversión privada colombiana en este país se ha ampliado a la banca, industria, y otros sectores, lo que demuestra confianza en la estabilidad jurídica y en la dinámica del desarrollo social. El TLC debe consolidar mucho más las posibilidades del intercambio en el marco de recíprocos estímulos tributarios que tiendan al equilibrio de la balanza comercial. A primera vista se tiene la impresión de que los colombianos conocen más a fondo el mercado panameño y lo aprovechan acertadamente, mientras que los inversionistas panameños no conocen suficientemente las expectativas del mercado colombiano, por lo que deben estudiar las opciones ventajosas que ofrece el tratado. A este efecto, el Ministerio de Comercio e Industrias debe divulgar el texto del TLC y asesorar a los empresarios nacionales sobre las oportunidades de invertir en el sector industrial, y en otros sectores atractivos.
Debiéramos trabajar en el pulimento de nuestro sistema aduanero para que la fluidez de exportaciones e importaciones no se vea obstaculizada por tramitaciones consideradas excesivas, como en el caso del transporte terrestre de mercadería centroamericana que originó indebidas paralizaciones en las vías de comunicación. Debemos convencer a los pares colombianos que deben levantarse las restricciones a las reexportaciones de la Zona Libre de Colón al mercado colombiano, sujetas ahora a decisiones de la Organización Mundial de Comercio. Lo que allá se califica como subevaluaciones de facturas de ventas proceden del régimen tributario especial de la Zona Libre, que otras naciones acatan y respetan. Las restricciones casi siempre derivan de proteccionismos arancelarios incompatibles con la globalización comercial.
Recordemos que el proteccionismo preconizado por la Cepal durante el controvertido liderazgo de Raúl Prebisch está trabajando el intercambio de los países líderes, Argentina y Brasil, dentro del Mercosur. La nueva era de Alianza del Pacífico, a la que pertenece Colombia y a la que aspira Panamá, es el marco apropiado de la inserción del TLC colombo-panameño.
Panamá ha suscrito acuerdos bilaterales de comercio con doce países de América Latina, Estados Unidos y Asia. Los resultados debemos examinarlos en forma realista para lograr mayores ventajas. Las exportaciones panameñas al mercado norteamericano solo alcanzan $67 millones en seis meses debido a que hemos colocado pimentones de colores, miel de caña y unos pocos productos más. Las cifras indican la ausencia de productos que pueden expandirse más en un mercado de consumo en el que hay millones de colonias de hispanoamericanos. Es cierto que el tratado con Estados Unidos tiene amplias opciones para una exportación mucho más vigorosa a medida que transcurra el tiempo.
La cultura de exportación es incipiente en los productores agropecuarios. Colombia plantea un nuevo reto a la economía de servicios logísticos y tecnológicos que nos sitúa en posiciones excepcionales. Debemos ponernos las pilas para entrar a un mercado preñado de oportunidades casi al alcance de la mano.