Tocumen, esa paradoja panameña
El Aeropuerto Internacional de Tocumen se convirtió, en los últimos años, en la puerta de entrada de la región. Panamá, con una política de Estado que impulsó el “hub” junto con la empresa privada, logró que la terminal aérea se convierta en el principal referente del área.
Pero el crecimiento de estructuras –que aún no se detiene- no fue acompañado con el reacondicionamiento de las políticas de control que deben funcionar en el aeropuerto.
Por eso, Tocumen –a pesar de todo lo bueno- se está convirtiendo en la puerta de entrada de todo lo malo también: dinero sucio, oro de dudosa procedencia y drogas.
Los números son elocuentes: en los últimos años, los decomisos aumentaron al ritmo del incremento de pasajeros que llegan al istmo.
Lo que no está claro es si es como consecuencia del mayor tráfico o, en cambio, es a raíz de una eficiente política de control. Lo primero, casi seguro, responde a esa pregunta.
Hace menos de un mes, el ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, pidió a las autoridades del aeropuerto más “mano dura” en los controles de entrada y salida al país.
Pero la solución no pasa por mano dura o blanda, sino por capacitar a las fuerzas de control y darles herramientas para que puedan garantizar resultados. También, claro está, las fuerzas deben estar mejor comunicadas. Hoy el flujo de comunicación está roto.
¿Es posible contar con una terminal aérea del primer mundo con controles del tercero? Sí, no sólo es posible, sino que hoy se ha convertido en una realidad dolorosa.
Tocumen encierra esa paradoja panameña: el desarrollo –la soñada “little” Miami- y el atraso de un país que lucha, al igual que la mayoría, por apuntalar sus instituciones.
Allí, en esos metros cuadrados llenos de tiendas lujosas, esa paradoja se hace aún más evidente. Y esa “evidencia” quedará aún más en evidencia a partir de hoy, con la publicación de una serie de reportajes.
