Toda gloria es pasajera
Es poco probable que a estas alturas algún panameño no tenga una idea clara de quién es el presidente Juan Carlos Varela. Ingeniero de profesión y empresario exitoso, ha proclamado que su gobierno se caracterizará por la “transparencia y la honestidad”. Mi opinión es que este tipo de afirmaciones es lo mínimo que se espera de un político, por lo que la proclama es algo básico. Pero finalmente son sus respetables postulados.
El problema es cuando solo terminan en eso: postulados. El presidente Varela es una persona acaudalada gracias al trabajo intenso y honrado de él y su familia. Miles de panameños han logrado su sustento a través de los emprendimientos de la familia Varela, cuya marca enorgullece al país. Por esto, cuando le preguntaron sobre la posibilidad de hacer pública su declaración de bienes, no dudó en decir que la presentará sin ningún problema. Será consecuente con su discurso político. Nadie tendrá la menor duda sobre su patrimonio. Excelente.
NO HAY FORMA DE PODER IDENTIFICAR EL CRECIMIENTO PATRIMONIAL DOLOSO DURANTE LA ADMINISTRACIÓN DE UN FUNCIONARIO, SI NO SE SABE CUÁL Y CUÁNTO ERA SU PATRIMONIO PERSONAL ANTES DE ASUMIR Y CONTRASTARLO CON LO QUE HAY CUANDO TERMINA.
Pero, cuando se preguntó a los miembros del Gabinete de ministros, muchos de ellos invocaron la ley, que por cierto varios de ellos criticaron duramente antes de acceder a las altas esferas del Gobierno, y terminaron justificando mantener en secreto su declaración de bienes alegando temas de seguridad, legalidad, tradición, alineación de los planetas, misticismo, religión y un largo etc.
Y es justo en este momento donde fallece por falta de coherencia política el lema de “transparencia y honestidad”. No puedo acusar de deshonesto a nadie y no quiero que quede duda de ello. No me consta. Pero nos hemos pasado años escuchando en los medios de comunicación a muchos de quienes hoy son ministros y viceministros señalando a sus predecesores de tener casas nuevas espectaculares, botes, carros, fincas, etc.. Y la razón por la cual solo tenemos estas acusaciones, es porque la ley ampara a los funcionarios con mando y jurisdicción, a no tener la necesidad de presentar públicamente su declaración jurada.
No hay forma de poder identificar el crecimiento patrimonial doloso durante la administración de un funcionario, si no se sabe cuál y cuánto era su patrimonio personal antes de asumir y contrastarlo con lo que hay cuando termina.
Si el presidente de la República no tiene ningún problema para hacer público su patrimonio, lo lógico es que sus ministros, en su mayoría, mucho menos acaudalados que él, les debería ser más que fácil ayudar al presidente a mantener la coherencia del discurso presidencial.
Y este revés al discurso de palacio sucede a menos de un mes de asumir las funciones. Esto es un pésimo augurio. Lo que más me molesta es con esos políticos que se inventaron discursos sobre la moral, ideología, el primer mundo, la transparencia, y ahora renuncian a la misma. Esos funcionarios mandan un mensaje de alerta a la ciudadanía y a los medios de comunicación para que nos mantengamos más alerta que nunca a los pasos que vayan a dar en su venidera función pública.
Ante la renuncia a la transparencia, se nos permite la duda. Lo siento. No me es posible confiar en quienes no entienden que lo más importante es respaldar a su jefe, que en este caso es el pueblo panameño y las instrucciones que, basado en el mandato conferido, su jefe directo, el presidente de la República, ha proclamado y ejecutará sin duda. Por experiencia, sé que en el entorno del presidente no debe haber caído bien esto, mal rato que muchos piensan que pasará sin pena ni gloria, pero no es así. Este es el tipo de cosas que, cuando aparezca la primera crisis en el seno del gobierno, serán tomadas en cuenta.
El estilo de vida de un ministro, un viceministro, los embajadores y el entorno presidencial cercano es costoso. Hay muchos eventos y viajes que deben ser atendidos y la ley no contempla que estos gastos sean sufragados por el Estado. Es justo ahí donde suceden las cosas. Recuerdo haber conversado con altos funcionarios de los dos últimos gobiernos luego del primer año sobre su preocupación de cómo no les cuadraban las cuentas. Al final, algunos ahora viven de facilidades económicas poco sustentables. Rubén Blades siempre tuvo razón cuando decía que la única manera de hacer dinero siendo parte del gabinete era quedándose con la plata de todos.
Ojalá rectifiquen. Los invito a respaldar al presidente Varela, abandonar la actitud arrogante y prepotente con la que muchos han llegado y recordar lo que siempre contaba el general Patton a sus subalternos: … toda gloria es pasajera.