Todos podemos ser ricos
¿Es utópico pensar que todas las personas sean ricas, que en lugar de nivelar en la pobreza como pregona la izquierda depresiva (y represiva) se pueda nivelar hacia arriba? No es utópico, es racionalmente posible, pero no ocurre porque los humanos destruimos violentamente la riqueza que nos ofrece la naturaleza. La visita de Francisco a Brasil es una oportunidad para el tema, ya que se ha hecho referencia al combate a la pobreza. Es el primer papa latinoamericano que visita al país con mayor número de católicos del mundo, 130 millones, con grandes desigualdades, donde una minoría acapara cerca del 90% de la riqueza.
No es como la visita en 1979 de Karol Wojtyla, el primer papa polaco, a la Varsovia comunista. Juan Pablo II escogió luchar contra un comunismo que imponía una dictadura atea. Wojtyla gritó contra el comunismo por “excluir a Cristo de la historia” y, más tarde, Mijaíl Gorbachov agradecía al papa “su ayuda para derribar el muro de Berlín”, que nunca voltearon las “poderosas” armas atómicas. En Brasil no gobiernan estalinistas ateos, existen políticas “neoliberales” teñidas de socialismo que siguen creando pobres, “nivelando”, en lugar de levantar.
En 1850, 65% de la población de EE.UU. era agricultora. Hoy, solo el 3% trabaja la tierra, pero la producción aumentó tanto, que la exportación agrícola superó los $100,000 millones. Rusia, que antes de la revolución era el principal exportador mundial de granos, durante el comunismo pasó a ser el mayor importador y, aún así, entre 1920 y 1930 murieron casi 10 millones por inanición, a pesar de las enormes donaciones occidentales. Luego, la URSS autorizó minichacras “privadas” (sin coacción estatal) que, ocupando el 3% de las tierras cultivables, producían el 27% de los alimentos. La diferencia está muy clara: la mayor coacción (vía monopolio estatal de la violencia) sobre el mercado natural destruye la riqueza que la naturaleza nos proporciona, produciéndose la pobreza.
Francisco suele preguntarles a las personas no por su credo, sino “si hace algo por los demás”, si se preocupa por el prójimo. Precisamente, en la medida en que los seres humanos seamos humildes, trabajemos con honestidad y sencillez en nuestra vocación, ofreciendo servicios y bienes que sirvan a los demás, al mercado natural, sin imponerles con la soberbia, característica de los políticos, violentamente (coactivamente) nada a nadie, en esa medida progresaremos y seremos sin utopías todos ricos.