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Tolerancia


Si hay algo de lo que adolecen los panameños y principalmente los políticos, es de la siempre recordada tolerancia.

En estos tiempos turbulentos donde cada quien cree tener la verdad absoluta y se le rinde más devoción a los partidos políticos que a la patria, se hace necesario que antes de salir de casa nos tomemos dos cucharadas de esa popular valeriana moderna.

No en vano sugirió el catedrático Rafael Candanedo en una tertulia informal “Aquí venden muchos tipos de celulares, de todas partes: Finlandia, Corea, Estados Unidos, etc. ¿Por qué no venden algunas pastillas de tolerancia en todas esas tiendas?”,

En mi trayectoria como periodista he comprobado que cuando escribo algo que a la gente del PRD no le gusta, soy un periodista carente de objetividad, pero si por el contrario reseño algo en contra del “Rey de los locos”, soy digno de un Premio Pulitzer.

Igual sucede con el Gobierno del Cambio. Mi correo electrónico se atiborra de reacciones negativas si critico y cuestiono al presidente Ricardo Martinelli cuando se dispara folklóricamente.

Pero si plomeo al PRD y su banda de gandules, o les refresco la memoria retrotrayendo con mi pluma su pasado oscuro, por los pasillos de los centros políticos de la “gente del Fufo” y del “enzapatillao”, más de uno festina y da “vueltas de carnero” hasta el cansancio.

Todos los partidos políticos en esencia son lo mismo, lo que cambia es la forma en que son dirigidos. Todos de una u otra forma han aportado cosas negativas y positivas a nuestra incipiente historia republicana.

Hay que aprender a ser tolerantes. Todos vivimos en el mismo país y respiramos el mismo aire. Participemos de la política con pasión, pero no dejemos que las pasiones políticas ni los odios viscerales nos dominen.

Frente a toda esta disyuntiva vienen a mi mente las sabias palabras del docente y colega René Hernández.

“Dios nos ha dado dos oídos y una boca. Lo hizo para que tengamos más capacidad de oír que de hablar. Aprendamos a escuchar al amigo, al adversario, al pariente o al desconocido sin recurrir a los insultos y a las posturas extremistas.

Hagamos la crítica con un sentido de humanidad, sin laceraciones, sin sarcasmos. Así como nos deleitamos con las palabras que nos llegan al alma, también debemos y tenemos que aceptar las opiniones contrarias a nuestros pensamientos”.