Tormenta política e inseguridades amenazan JMJ

Por: Redacción 07/08/2017

 

La política se ha asentado como un ejército de ocupación sobre la institucionalidad y los medios y ha dejado al ciudadano de a pie a la merced del "sálvese quien pueda". La criminalidad, la inseguridad y el latrocinio han superado con creces los tiempos de la dictadura cuando sus casos pueden ser contados con los dedos de las manos, pero que hoy, ni un ábaco chino resistiría el cálculo criminal que azota al Istmo.

En la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) no solo están nuestros hijos, sino también los cientos de miles de jóvenes que también tienen padre y madre que los aman y que no aceptarían por nada de este mundo que un romanticismo cristiano ponga en peligro la vida de sus hijos, porque parece que la Iglesia local sigue más a la voz del César, que solo piensa en castigar, sordo a la voz de Dios que pide amor, perdón y reconciliación fundamento de justicia, como dice el apóstol Ruiz, que se haga, pero "A su Nombre". ¡Mía es la venganza!, dijo el Señor (Deut.32-35).

Me parece estar en las escalinatas del palacio de Pilatos y escuchar a la plebe gritar desaforadamente ¡Crucifícale-crucifícale! y con el tiempo cayó el templo de Jerusalén y no quedó piedra sobre piedra, ¿eso queremos?

La JMJ coincide con los tiempos de la jornada electoral 2019 y lamentablemente con el proceso político que se le sigue a Ricardo Martinelli y que el panameñismo al estigmatizarlo le transfirió el mesianismo político del Dr. Arnulfo Arias, victimizado también por sus enemigos de antaño. ¡La historia se repite en espirales!

Hay algo que también parecen oler los grupos estudiantiles y de izquierda en el silencio de los medios, que dicen, "que cuando callan grandes verdades su silencio los delata". Como ahora, que tras el caso Martinelli se esconde, dice la percepción popular, un nuevo enclave colonial… y esto estremecería los cimientos del Istmo.

¡Por Dios, no podemos pensar en la JMJ solo por el factor económico, que favorecería principalmente a los del negocio informal, a los que no tributan ni tienen interés en las cosas del Estado.

Comunicador social

 

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