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Tornado


Noticias nos llegan del Norte de un tornado (que para nosotros viene a ser como una tromba) y hace pocos meses oíamos que en Lejano Oriente hubo un tsunami, y con frecuencia nos llegan informes sobre movimientos telúricos, terremotos en nuestra región centroamericana y qué decir de los tifones e inundaciones que arrasan las regiones de Sur Asia. Son fenómenos naturales inesperados y por supuesto, inmerecidos.

El tornado últimamente azotó la región de Missouri, en EE.UU. y los afectados testimonian que lo consideran el peor en muchos años. Si recordamos las vistas de lo que resultó del tsunami comprobamos asimismo la destrucción de ciudades y el factor añadido de la afectación de la central atómica con sus secuelas .

Nosotros, gracias a Dios sólo somos espectadores pasivos de estas noticias pero eso no nos excluye de lo que dice el adagio: “cuando veas las barbas de tu vecino rapar, por las tuyas a remojar”. Por el momento no nos interesan esas noticias y esos desastres, pero de alguna manera no deberíamos excluirnos del interés de ver qué sucedió y sus consecuencias y sobre todo preguntarnos qué podemos hacer por ellos. Por aquello de “Hoy por ti y mañana por mi”.

Ayuda mucho a valorar nuestras situaciones o dolencias colectivas e individuales al enterarnos de los que sufren los demás y concluir que lo nuestro no es tan grave como nos imaginamos y nos lo presentan.

Un aspecto que surge es el de la gente afectada por estas catástrofes, ¿cómo quedan? ¿a dónde se dirigen? Y entramos ya en el caso de los desplazados y qué actitud debemos tener para con ellos. Son seres humanos que han perdido todo, luchan por la supervivencia y emigran a otras regiones. Claro unas por desastres naturales, otros por sistemas políticos dictatoriales, de todas maneras gente que huye y trata de establecerse de nuevo en otro país.

Muchas de esas personas arrastran una historia de dolor y angustia. Como cristianos tenemos presente el verso del Deuterenomio 26/5: “Mi padre era un arameo errante”. Y refiriéndose a la primera comunidad cristiana en la carta a Diogneto del siglo II” (los cristianos) habitan en su propia patria, pero como forasteros toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros, toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en patria como en tierra extraña”. Hoy somos interpelados en nuestros privilegios, invitados como Jesús, “uno de tantos” (Filipenses 2.7) no se aprovechó de su posición de ventaja. Seamos solidarios con los que sufren calamidades, como cristianos.