Torneo electoral: ¡Que dominen los justos!
¿A qué se refiere la Biblia, en el libro de Proverbios 29:2, que dice así: “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime”? Nunca he sido partícipe de interpretar lo que dice la Biblia de acuerdo con la particular percepción del que la lee y analiza, por más erudita o bien intencionada que sea esta percepción, porque la Biblia debe ser leída y aplicada en un sentido de unidad de bloque o cuerpo documental. Es necesario enfocarnos exegéticamente en el pasaje leído (significado y alcance original), primeramente, para luego enfocarnos, herméticamente, en este pasaje (significado y alcance que pudiera dársele en la actualidad).
Es más, en general, sin una correcta actitud, sin fe en Dios y sin material de estudio de apoyo (entiéndase diferentes versiones de la Biblia, comentarios teológicos, documentología, arqueología, historia, etc.), es imposible captar el significado y alcance de lo que este libro dice. Tratemos de entender, un poco, el pasaje bíblico transcrito: ¿Quién escribió el Libro de los Proverbios? Fue el rey Salomón, tercer monarca de la nación de Israel, sobre el que reposaba el conocimiento y la sabiduría de Dios, pero, que en el ocaso de su existencia terrenal, se desvió del camino de Dios.
¿Quiénes son los justos, de acuerdo con el rey Salomón? Indudablemente los que creen en Dios y obedecen a Dios, no desde un punto de vista sincretista, sino desde un punto de vista de lo que expresamente dice la Biblia, aunque no debemos olvidarnos que la Biblia también nos dice, en Eclesiastés 7:20, (por cierto también escrito por Salomón) que “ciertamente no hay hombre justo en la Tierra que haga bien y nunca peque”.
¿Quién es el impío? Todo el que no es justo. La impiedad es una condición moral y espiritual que consiste en una actitud de indiferencia, irreverencia y apostasía que ciertas personas profesan o mantienen con respecto a lo que dice la Biblia. En este sentido, ante Dios no existe aquello de pecados capitales ni veniales. Todo lo que se haga contra la Ley de Dios es pecado y merece el mismo castigo (la Biblia dice que “la paga del pecado es la muerte”).
¿Quién es el pueblo? Para que un pueblo se alegre por el dominio del justo y gima por el dominio de los impíos, debe tratarse de personas que tienen conciencia moral y espiritual, y que todo lo que hacen en sus vidas está apegado a lo que dice la Biblia y los valores éticos.
El hecho de que Dios sea misericordioso y nos dé oportunidades para arrepentirnos cuando fallamos no significa que por eso Dios deja de ser justo (exige cuentas), puro (no practica ni tolera el mal) y perfecto (no comete errores ni se equivoca). Entonces, ¿por qué solo hablamos mal del prójimo, o lo atacamos, cuando este no es parte de aquellos que son objetos y sujetos de nuestro afecto? Es más, no debemos hablar mal de nadie ni atacar a nadie porque “fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios”.
A manera de anécdota, me refiero a una charla que sostuve con un buen amigo, quien me comentaba que en su país, donde hay una gran cantidad de personas “justas” (entre católicos y evangélicos, y otros), pero, cuando vienen los torneos electorales se dividen porque una gran cantidad de ellos tienen que apoyar a los candidatos de su preferencia por razones de “disciplina partidaria, posiciones gremiales e intereses creados”, despreciando a aquellos candidatos (justos) o candidatas (justas) que presentan propuestas verdaderamente basadas en los valores morales, espirituales y cívicos. La “disciplina partidaria, las posiciones gremiales y los intereses creados”, ¿serán características propias de los “justos” (o “justas”) de los que habla Proverbios 29:2, así como del resto de la Biblia?
Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que la respuesta a esta pregunta es negativa. ¿Producen las iglesias, los partidos políticos y los gremios personas justas? Claro que no, indistintamente, si entre ellos existan o no justos. La justicia (o condición de justo) en una persona no es causada por, ni proviene de, sus obras, recursos, logros y relaciones. Esta condición de justicia solo es y puede ser causada, facilitada y sustentada por Dios, ya que el Creador Supremo es la única fuente de la que puede emanar lo agradable, bueno y perfecto. Si quienes aspiran a administrar la nación no tienen a Dios como su impronta principal, todo lo que hagan resultará en vano.