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Torrejitas de bacalao en la CSS

Por: Redacción 21/12/2013

Emilio Sinclair /Periodista (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Cuando un señor, que ahora gobierna este país, dirigía la Caja de Seguro Social, un amigo que, como decimos en buen panameño, “tenía más plata que el carajo”, ocasionalmente se hacía, en clínicas privadas, exámenes médicos, porque “no quería morir” o, por lo menos, prolongar la vida un poquito más.

Cuando acudía a la clínica privada para el “chequeo” pagaba con su “chequera” cifras que le producían un cráter financiero. Lo recibían con sonrisas, pero mientras lo examinaban fruncían el ceño y, como artistas de esta comedia llamada la vida, expresaban preocupación y recomendaban exámenes que costaban “un ojo de la cara”.

Un día le dio un “faracho”, lo llevaron al cuarto de urgencia del Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias de la Caja de Seguro Social, donde recomendaron hospitalizarlo porque aquel carburador llamado “corazón” no estaba funcionando bien.

El amigo aceptó -de mala gana- que lo internaran en el nosocomio y le desagradó compartir la habitación con un negro de Río Abajo, un cholo de La Pintada, un “marrumancioso” de Pueblo Nuevo, un jubilado de Pedregal y un joven “de sexo indefinido”. Ahí observó que todos recibían visita de gente que llevaban meriendas o periódicos con noticias teñidas de sangre y él, “de a vaina”, veía a una hija que adoraba a su “papá del alma”.

Además, se percató de que los pobres tenemos sentimientos. Con compañeros de habitación observó deportes en la televisión y aprendió a “mentarles la madre” a árbitros que no llenaban su cometido.

En ocasiones comió “picadillos de bofe” y “torrejitas de bacalao picante” subrepticiamente introducidas al hospital; le causó gracia cómo el penonomeño, mal hablado, se refería al gobierno; en la madrugada escuchaba ronquidos del viejo “marrumancioso” y observó que el joven “de sexo indefinido” hablaba dormido.

A nuestro amigo adinerado, su hospitalización le permitió percatarse de que cada vez que asistía a una clínica privada tenía que pagar mucha plata por las atenciones; tenía que regresar para “darle seguimiento” y no conocía gente que le “mienta la madre” al árbitro que aparece en televisión, nunca le ofrecieron una “torrejita de bacalao picante” y nada le salía gratis como en el Complejo Hospitalario Metropolitano de la Caja de Seguro Social.

Cuando le dieron de alta, tristemente regresó a su insípido despacho e incoloro hogar donde exigió a su cocinera hacer “torrejitas de bacalao picante” y “picadillos de bofe” … como los que preparan los negros de Río Abajo.

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Lunes 10 de agosto de 2026