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TPC: de la frustración al desencanto


Han pasado casi seis años desde que se iniciaron los esfuerzos por concretar un Tratado de Libre Comercio entre Panamá y Estados Unidos, conocido ahora como Tratado de Promoción Comercial (TPC), y pese a que fue Panamá el primero en ratificarlo, eventuales diferencias de apreciaciones en Washington han postergado, una y otra vez, la aprobación del documento binacional en ese hermano país. La izquierda, que habitualmente cuestiona todo lo que sea relacionado con Estados Unidos, poco ha tenido que hacer para detener el TPC. Ahora hay en Washington quienes condicionan la aprobación al respeto de los derechos de los trabajadores, y el tratado sigue su largo proceso de estancamiento, pese a que el presidente Obama también se ha expresado a favor de una pronta ratificación. Pero esa dilación no ha pasado sin accidentes. Pese a las expectativas que levantó, el ir y venir de su postergada aprobación ha estado a la base de un sentimiento de confusión, que ahora ha hecho que el TPC haya dejado de ser una prioridad para Panamá. Seguramente que cuando Estados Unidos lo ratifique, nuestra empresa privada habrá concertado tantos acuerdos que poco tendrá que brindarle al convenio en ciernes. Y no es que ese mercado de 300 millones de estadounidense deje de ser atractivo. Lo verdaderamente preocupante es que la dilatación de un tema que en su momento se vendió como de alta prioridad, incubó primero frustración, y ahora transita por el desencanto.