default

Trabajo infantil, pandillerismo o vagancia


Marisín Villalaz de Arias / Médico (opinion@epasa.com) / -

Hace un tiempo escribí sobre el trabajo infantil y la situación actual en Panamá de las leyes que rigen el mismo. Insisto en decir que, cuando elaboraron las mismas, hace un tiempo, se equivocaron en algunas cosas por querer hacerlas sin consultas suficientes y sin pensar en lo que era realmente conveniente. No podemos descuidar nuestra niñez y juventud ni mucho menos valernos de ciertas posiciones para legislar en forma perjudicial y que pueda llevarlos al descalabro total.

NO PONGAMOS EN DUDA LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO QUE SE APRENDE HACIÉNDOLO O VIÉNDOLO HACER A SUS PADRES O FAMILIARES Y, EN ESA FORMA, TENDREMOS UNA SOCIEDAD CON HOMBRES Y MUJERES SIN ASCO AL TRABAJO Y DANDO LA IMPORTANCIA QUE ESTE TIENE...

En Panamá veíamos a jóvenes de 14-15 años trabajando honradamente limpiando zapatos, empacando en los supermercados o haciendo un sinnúmero de oficios que los mantenía ocupados y ganando una platita honradamente para llevar a su mamá y ayudar al mantenimiento de la familia.

Esos jóvenes aprendían a trabajar desde temprana edad y crecían con la cultura del trabajo y, a la vez, aprendían a quererlo, a valorarlo y a saber que hay que trabajar honestamente para ganar un dinerito.

Me refería en ese artículo al caso del presidente de Corea del Sur; cuando vino a Panamá le hicieron una bella entrevista y contó cómo él, de niño, trabajaba vendiendo periódicos antes de ir a la escuela y, gracias a la educación que recibía después, llegó a ser presidente de ese país. No pongamos en duda la importancia del trabajo que se aprende haciéndolo o viéndolo hacer a sus padres o familiares y, en esa forma, tendremos una sociedad con hombres y mujeres sin asco al trabajo y dando la importancia que este tiene en el devenir de la vida.

Mucha gente cree que los niños deben rascarse la cabeza cuando salen de la escuela y terminan las clases del día. ¡No y no! Si bien es cierto que deben contar con tiempo para la distracción, también hay que enseñarles que esa no es la única manera de vivir y pasar el tiempo. He sido una persona que nunca le he tenido miedo al trabajo y me enorgullezco de venir de una familia trabajadora y haber visto siempre el ejemplo en mis mayores para aprender a seguirlos y lograr triunfos en la vida. Pero lo malo es que ahora, un grupo de personas irresponsables quisieron darles a los jóvenes todo el tiempo libre posible y ahora están que no saben qué hacer con sus vidas cuando terminan sus tareas y rememorando los tiempos en que trabajaban y ayudaban a su hogar, a su madre y hermanos. Hoy no saben qué hacer en ese tiempo y terminan en pandillas, primero para matar el tiempo y luego le toman el gusto y allí se quedan asesinando, robando y haciendo lo más deshonesto que puedan para ocuparse en algo.

Pero esas personas que elaboraron esas leyes no los van a mantener ni a sacar de las cárceles cuando se los lleven presos. Ellas están felices en sus hogares viviendo una vida de familia y acomodadamente, lo que les prohibieron a esos muchachos que trabajaban para vivir mejor. Me pregunto, ¿qué hacemos ahora para solucionar este problema? ¿Qué hacen esos padres para enseñarles a trabajar a esos niños y cultivarles el gusto por la ocupación en algo productivo?

No hablo de aquellos trabajos en los que se explota a los niños y jóvenes como los cafetales o cañaverales, y que acaban con la niñez y la juventud de esos inocentes. Ya he dicho que me refiero a lo que pueden hacer sin abandonar la escuela ni dejar de hacer sus tareas. Pero también existen madres que explotan a los niños y, mientras ellas se sientan en las calles a esperar, sus hijos piden plata en las esquinas. Tampoco a esto me refiero. Esas madres debieran ser castigadas porque muchas de ellas utilizan ese dinero para algunos vicios y sí acaban con la belleza de la niñez de sus hijos. Todo debe estar equilibrado y no abusar de las situaciones con leyes dañinas y haciendo ver que son las salvadoras de la niñez panameña. No saben el daño que les han hecho a muchos muchachos de nuestra sociedad al coartarle la libertad de trabajar honradamente, parcialmente y ganar, sin perjuicio de la educación que reciben, algún sustento y, de paso, aprenden lo que es el trabajo y cómo quererlo para compensar algunas dificultades que se presentan en sus hogares.

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026