default

Trabajo y política

Por: Redacción 01/05/2014

La conmemoración del Día del Trabajo sorprende a Panamá con dos huelgas que renuevan la capacidad de decisión de dos organizaciones sindicales poderosas. Los trabajadores de construcción civil y los profesores agrupan a dirigentes que desdibujan las líneas entre reclamaciones salariales y política. En forma claramente sincronizada han creado un clima de agitación social para perturbar las elecciones del 4 de mayo. Sin embargo, no lograrán su antidemocrático objetivo debido a la madurez cívica de los votantes.

Las mínimas posibilidades electorales del partido Frente Amplio por la Democracia (FAD) se empequeñecerán quizás a un grado infinitesimal porque la mayoría de los trabajadores de la construcción no siguen las consignas de los dirigentes en el momento decisivo de elegir a sus candidatos. Corren el riesgo de llevar al candidato del partido Genaro López a un debut calamitoso. Los cierres de calles en las horas pico del tránsito vehicular les pueden ganar más rechazos que apoyos electorales, además de sus desproporcionadas aspiraciones salariales generadoras de una espiral de costos nocivamente inflacionaria.

Por otro lado, los profesores sindicalizados enfrentan graves contradicciones entre sus deberes pedagógicos y los motivos de su huelga. El Ministerio de Educación ha sobrepasado el monto de sus pretensiones salariales con la iniciativa de aumentarles en forma escalonada $300 cada cierto tiempo, hasta un total de $900, pero en función de los resultados de las evaluaciones de rendimiento. Los dirigentes que le han declarado la guerra a la ministra de Educación, Lucy Molinar, desde 2009, no pensaron que pudiera implementar un programa de aumentos que ellos no llegaron a elucubrar en sus propuestas más ambiciosas.

Al haber perdido la iniciativa salarial, recurren a desestimar algo que un maestro no puede dejar de admitir: rendir exámenes ante especialistas que medirán su desempeño. Un profesor se traiciona si se niega a que lo evalúen, es decir, a rendir exámenes sobre su propia capacidad cognoscitiva.

Los profesores huelguistas han sido desaprobados por los padres de familia y la opinión pública nacional. Revelan una débil conciencia de patria al desertar del objetivo fundamental de la Constitución: proteger el derecho de los panameños a recibir una educación eficiente. Demuestran que se dejan arrastrar por una dirigencia politiquera obstruccionista. Delatan que lo que les interesa es obstruir la enseñanza aduciendo móviles confusos. El Día del Trabajo no puede ser celebrado por los que no quieren trabajar.

Lejanos, muy lejanos, se muestran los tiempos de maestros de la talla de Octavio Méndez Pereira, José D. Crespo, Jeptha Duncan, Guillermo Andreve y otros destacados educadores. La Constitución de 1904 garantizaba el carácter gratuito de la enseñanza primaria. Méndez Pereira dijo que la misión de la educación era formar ciudadanos y no solo profesionales liberales. Desdichadamente, la educación ha ido perdiendo el rumbo histórico de los maestros pioneros.

Todavía estamos a tiempo de elevar el nivel de la enseñanza. Pero para levantarla a un digno pedestal hay que distinguir entre el maestro y el politiquero. Al crearse la república, se contaba con 259 maestros. Ciertamente hemos aumentado la enseñanza en términos cuantitativos, aunque la masificación ha mermado su calidad. El Estado no debe claudicar en su deber de dirigir el sistema educativo.

Edición Impresa

Viernes 7 de agosto de 2026