Tradicional alternancia en el poder
En tiempos electorales, presentarse como “analista político” para proyectar tendencias o percepciones y pronosticar probables resultados de las presidenciales en el 2014 es una modalidad que se observa con mayor frecuencia. Es tema de difícil manejo dada la multiplicidad de factores, tanto que se ha hecho común “que en política todo es posible”.
Las encuestas publicadas no son del todo descartables y generan una percepción sobre las preferencias electorales en el país. La opinión generalizada es que tales preferencias estarían divididas de forma pareja entre los dos partidos más grandes, PRD y CD, con un tercer actor algo distante que es el Partido Panameñista.
La evolución de esta distribución estaría modulada por una amplia gama de circunstancias y eventos de orden socioeconómico. Entre los factores que incidirían a lo largo del torneo electoral y que irían moldeando la intención de voto del electorado, podemos resaltar: un presidente con fuerte personalidad y una política desarrollista con inclusión social, que se presume lo mantiene con un nivel de aceptación arriba del 60%, a pesar de una férrea campaña mediática en su contra durante todo su periodo como presidente; la incorporación de un número apreciable de obras de infraestructura, transporte público y de índole social que se asume impactarían positivamente en el electorado y a favor del candidato oficialista; el fraccionamiento reconocido de los partidos tradicionales más importantes, lo que ha debilitado su accionar político; el surgimiento de un partido de izquierda que mermaría la votación a favor del partido PRD, de ascendencia social demócrata y la vigencia o no del voto castigo que se acostumbraba en la época del bipartidismo tradicional, alternándose el poder político.
Politólogos locales consideran que las divisiones a lo interno de los partidos de oposición se mantendrán y lo más probable es que pierdan parte de sus membresías, que irían mayoritariamente al oficialismo. Los “candidatos independientes” en su mayoría optarían por apoyar a partidos establecidos, con preferencia hacia el oficialismo, a fin de asegurar participación en la nueva administración. El voto de los “indecisos” se dividiría de forma equitativa y el de izquierda se mantendría sin cambios.
Bajo esta óptica, la probable distribución final de los votos presidenciales favorecería mayoritariamente (45% a 50%) al candidato oficialista, con cerca de 10 puntos sobre su más cercano competidor. Esto significa que las probabilidades que el partido CD repita en el gobierno en 2014 son reales.