Transgénicos
El ministro del Medioambiente de Gran Bretaña destacó las cualidades de los cultivos transgénicos al tiempo que en Panamá se dan los primeros pasos para incursionar en la siembra de productos genéticamente modificados. Cautelosamente se empezará con la siembra de maíz transgénico dedicado solo al consumo de pollos y cerdos en la región de Azuero.
Se importarán 2,500 bolsas de semillas de maíz transgénico. Más adelante se efectuarán investigaciones con miras al cultivo de arroz tipo Bayer para evaluar si se autoriza el consumo humano. La Comisión Nacional de Bioseguridad lleva la responsabilidad de la evaluación de los proyectos agrícolas privados de uso de semillas transgénicas y los estudios a nivel público con salmones y el mosquito controlador del Aedes aegypti.
Como se conoce, los productos transgénicos forman parte de un proceso científico de transferencia de un gen (ADN) de determinadas características al gen de otras especies mediante técnicas de ingeniería genética para fortalecer a los productos agrícolas o especies animales de los ataques nocivos de herbicidas, pesticidas, plagas de insectos y hongos.
En el año de 2006, ya el 89% de la producción de soya, el 83% del algodón y el 61% del maíz son transgénicos. Se calcula que en 2007 hay 23 países que cultivaron 114.3 millones de hectáreas de productos transgénicos, principalmente, soya y maíz. La experimentación transgénica de Estados Unidos ha logrado la modificación genética del salmón, y ha producido la variedad conocida como el salmón AquaBounty que se desarrolla en la mitad del tiempo del salmón clásico.
Sin embargo, existe una fuerte corriente de resistencia a la agricultura transgénica liderada por organizaciones que le imputan riesgos a la salud humana y al medioambiente. En 1994 se aprobó en Estados Unidos la comercialización de tomates transgénicos que pronto se retiraron del mercado por su sabor raro y cambios en la piel de la variedad. Ante los debates generados por los riesgos alegados, la FAO emitió un comunicado en que señaló que los países que han introducido cultivos transgénicos no han observado daños notables para la salud y el medioambiente dado que se usan menos pesticidas tóxicos en la agricultura.
La Comisión Nacional de Bioseguridad adhiere las recomendaciones de la FAO y está evaluando la introducción de semillas de productos transgénicos sujeta a su autorización previa para contrarrestar la anarquía en las importaciones. Es innegable; sin embargo, que la agricultura nacional requiere un gran impulso de adecuación a los procedimientos de la biotecnología vegetal. En el cuadro de estancamiento tecnológico, resulta estratégica la optimización del rendimiento de las cosechas por hectárea y la protección contra plagas.
Los estudios sobre el mosquito controlador del Aedes aegypti lograrán con el transcurso del tiempo erradicar las consecuencias negativas a la salud por el dengue. Hay que trabajar con audacia y prudencia, aunque parezca contradictorio. Audacia para introducir cultivos de rendimiento experimentado en otros países, prudencia para impedir experimentos que no tienen aprobación de la ingeniería genética.