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Transparencia en boga

Por: Redacción 01/09/2016

Transparencia. Esta parece ser la palabra de moda en la política de nuestro país, sobre todo entre las autoridades gubernamentales, especialmente con el propio presidente Juan Carlos Varela, que ha llegado a recordar a sus colaboradores que deben llevar un gobierno "con transparencia". Recuerdo haber escrito ya hace dos años sobre el tema. Me parecía, y lo sigo pensando, que un gobierno moderno que promete cosas como honestidad y transparencia es como si usted fuera hoy a una concesionaria de vehículos y el agente comercial le ofrece un carro cuyas características principales son las llantas y los vidrios.

La transparencia no se logra con el método nacional-socialista de repetir y repetir hasta que la gente lo crea. En nuestro siglo XXI, se tiene que ser coherente en acción y pensamiento.

Esperar que la opinión pública reaccione de una manera si no se explica por qué ha de ser así es desconocer las características del ciudadano panameño. Se nos mira como los cholitos del siglo XIX, cuando un pequeño grupo de comerciantes decidía si seguíamos con Colombia o negociábamos con los Estados Unidos para dejar fuera del baile a los colombianos.

No. El panameño quiere saber qué pasa y las consecuencias de las acciones gubernamentales. Entonces, decir una y otra vez que se es un gobierno transparente, a lo único que lleva es a la sospecha y a la pregunta sobre las verdaderas razones de semejante afirmación reiterativa.

Ahora, siguiendo modelos caducos, nuestro gobierno recurre a los programas en los que el primer mandatario y sus ministros "explican" sus acciones, nada más y nada menos que en la televisión pública, desde un sitio especialmente diseñado para que lo último que uno pueda percibir es, precisamente, transparencia.

Transparencia es realizar conferencias de prensa ordenadas pero abiertas, con la mayor frecuencia posible, en las que el Gobierno es quien entrega la primera información, y no como ahora, cuando son los últimos quienes tienen que "descubrir" las gracias y obras de nuestros funcionarios.

Y esta es la razón por la que cuando un funcionario, del rango que sea, sale a la calle, lo rodean periodistas con sus equipos y tratan por todos los medios de lograr alguna declaración, por más descabellada que esta sea, lo cual, por cierto, ocurre con demasiada frecuencia.

El presidente Varela no necesita de grandes números de popularidad. Ya es presidente. En consecuencia, lo que requiere es de algo llamado "capital político". Esto, en palabras que se puedan entender por cualquiera, es que pueda hacer lo que cree conveniente sin que le estén cerrando la calle o haciendo huelgas por las mismas.

Y por lo anterior es que se hacen encuestas. Para saber qué tan fácil o difícil podría llevar adelante un presidente el desarrollo de sus políticas públicas.

En otras latitudes, esto también serviría para pulsar el apoyo que podría lograr de opositores en el Congreso para pasar leyes consecuentes con su programa de gobierno, sobre todo, las más alejadas ideológicamente de sus opositores. Pero como en Panamá nuestros diputados no tienen ideología y mucho menos entienden su papel fiscalizador, no es necesario. Con mostrar en el presupuesto partidas para sus respectivos circuitos basta.

La verdad es que la administración actual no mejora la percepción que se tiene de ella. Y sus esfuerzos, más que ayudar, dejan más sinsabores y dudas a medida que pasa el tiempo. Finalmente, terminaremos con un cambio extemporáneo de gabinete y un país con instituciones cada vez más débiles.

Ingeniero de Sistemas. Estratega-Consultor político

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