Tratado de armas
Después de años de discusión, la ONU aprobó un tratado de comercialización de la venta de armas tradicionales. Significativamente, votaron en contra del tratado Corea del Norte, Siria, Irán. Se abstuvieron de votar Rusia, China, India, Cuba, los países de la alianza de naciones bolivarianas, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Estados Unidos, principal fabricante y vendedor de armamento del mundo, modificó la posición adversa del gobierno de George Bush y votó a favor del tratado, dada la línea del gobierno de Barack Obama sobre regulaciones a la compra de armas en el país. Influyó en la aprobación del tratado de comercialización de armas tradicionales el cambio de la línea de EE.UU. que fuera por consenso, al apreciarse que no era factible el consenso por las abstenciones y rechazos previsibles.
El tratado no busca frenar el armamentismo, sino la transparencia del comercio de exportaciones, importaciones, distribución y circulación de armas, municiones, equipos y mecanismos de uso. Los Estados que respaldan el tratado deberán incorporarlo y ratificarlo como un compromiso vinculante de cumplimiento obligatorio. A tal efecto, deberán presentar en la ONU informes periódicos sobre su aplicación práctica. Uno de los objetivos es prohibir y sancionar la transferencia de armas y municiones a organizaciones terroristas, guerrilla y crimen organizado. Este aspecto del tratado permitirá a Panamá un conocimiento mayor sobre la circulación de armas y municiones en el mercado negro, aprovechado por delincuentes comunes, pandillas, sicarios y cabecillas del crimen organizado. El rumor es que pistolas, revólveres y metralletas provienen de la antigua guerrilla centroamericana; también de adquisiciones en otras partes de las bandas de narcotraficantes. En adelante se contará con informaciones más precisas si ratificamos el tratado de la ONU sin pérdida de tiempo.
La industria de la fabricación de armas se reparte en fuentes de EE.UU., Rusia, China, Ucrania, India, Israel, Francia, Inglaterra, Francia, Checa, que las exportan a los Estados para defensa de fronteras y seguridad interna. En América Latina fabrican y venden armas, municiones, tanques, aviones de guerra y helicópteros empresas privadas y estatales de Brasil, Argentina y Chile. El quid del asunto es identificar las empresas privadas y estatales que exportan armamento en forma encubierta a Siria, talibanes de Afganistán, Farc y ELN de Colombia, países africanos con guerras civiles, como aconteció antes en África del Sur, Zimbabwe, Zambia y actualmente en la República Centroafricana, Mali y otros Estados.
Salvo a las naciones que se abstuvieron o votaron en contra, el tratado de comercialización de armas convencionales constituye un avance, tanto porque va a transparentar exportaciones e importaciones como porque impedirá que se usen para violar los derechos humanos. Sin embargo, no impedirá a mediano plazo la prosecución del abastecimiento a Siria, Corea del Norte, Estados africanos, donde es habitual la circulación de Kaláshnikov, y adquisiciones vía mercado negro. Según como se use, las armas sirven para defender las fronteras como para asaltar bancos o en ajustes de cuentas de pandilleros. Podemos acabar el infame tráfico si nos ponemos las pilas y ratificamos el tratado cuanto antes.