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Trayectoria martiana


La Historia, aunque frecuentemente tergiversada, no es menos cierto, nos aporta multitud de conocimientos y enseñanzas. Al final, constituye nuestros orígenes. Y de ella podemos alcanzar importantísimos aportes para nuestra realidad, y el futuro.

Además surgen líderes o apóstoles como en nuestro caso, que constituyen piedra angular de nuestra nacionalidad.

El día 19 de mayo, cuando José Martí, cae en Dos Ríos llevaba consigo un pasaporte haitiano, un objeto de inestimable valor, que simbolizaba el apego y la solidaridad hacia aquella Isla hermana a la que tantas veces acudió en su bregar independentista.

Varias veces recorrió el Apóstol la tierra haitiana, a fin de recabar el apoyo de sus mejores hijos y el de sus compatriotas residentes allí para la Guerra Necesaria, pues no debe olvidarse que tras el fracaso de la Guerra de los Diez Años, muchos cubanos recibieron hogar en esa porción del Caribe. Iba, además, tras la huella del Generalísimo Máximo Gómez, un pilar insustituible en sus planes libertarios.

La primera visita del Maestro se produjo entre los días 7 y 9 de septiembre de 1892, ocasión en la que viajó por ciudades como Gonaives, Cabo Haitiano y Fort Liberté, entablando amistad, entre otros, con hombres de la talla de Ulpiano Dellundé, médico cubano aplatanado en esa Isla, quien hospedó varias veces a Martí en su propia casa y lo ayudó a conseguir armas para la guerra.

No solo los cubanos amparaban a Martí, también el pueblo haitiano ofreció su mano generosa. Allí el Apóstol siempre encontró un gesto desprendido, como el de sus amigos Neptalí, Elise Etienne o Millevoye Mercier, quienes le dieron cobija, alimentos y cuidaron de su precaria salud.

Queda fascinado por los relatos de la historia de la nación antillana, de sus rebeliones de esclavos que la llevaron a ser la primera tierra libre de Latinoamérica. Conoce la leyenda del reino de de Henry Crhistophe, las proezas de Louverture y admira a Petión por su férrea voluntad de liberar a Cuba.

En febrero de 1895, luego de pasar por Fortune Island y Cabo Haitiano, es recibido en Montecristi por el General Gómez, con quien última los preparativos del viaje a Cuba.

En abril, y tras dos meses de intensa actividad llegó la hora de la partida y, ante los grandes contratiempos, una vez más es un haitiano nombrado Barbes, Cónsul de Haití en Gran Iguana, quien les facilitó pasaportes con nombres falsos para abordar el carguero alemán Nordstrand, que los conduciría hasta cerca de las costas cubanas la noche del 11 de abril de 1895.

Un día antes de morir, esta pensando también en la tierra de Toussan Louverture, cuando confiesa a su amigo Manuel Mercado que todo cuanto ha hecho es para… ”impedira tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América.

Sabias advertencias las del Apóstol, que cobran vigencia en estos días en que la Isla hermana se debate en medio del caos provocado por sismos, epidemias y amenazas internas y externas.