Tres modos de resolver los conflictos
Si nos sentamos a leer el periódico o a ver la televisión si algo llama la atención o es tema obligado del reportero o periodistas es hablar de conflictos. Conflictos entre partidos políticos sean de gobierno o sean de oposición. Conflictos dentro del mismo partido, el mismo ministerio, de la misma oficina, de asuntos morales o religiosos llaman la atención pero raras veces vemos que nos digan cómo se solucionó el conflicto. Casi no hay tema o asunto en que intervengan los humanos que no haya conflicto. No sé si gozamos con el conflicto. Por lo visto si no hay conflicto, no hay noticia.
Uno de los autores que citan como autoridad en resolver conflictos es el Señor William Ury, a quien se le atribuyen estas reflexiones: “Mucha gente cree que los mejores negociadores son los que mejor hablan, pero los mejores negociadores son los que mejor escuchan”. Este autor contempla tres modos de resolver conflictos. El primero, identificar y reconciliar los intereses básicos de las partes (normalmente a través del proceso de mediación o negociación). El segundo, determinar a quien asiste el derecho (básicamente, a través de un proceso de arbitraje o llevando el asunto a los tribunales). El tercero, determinar quién tiene más poder (pensemos en huelgas, guerras, escaladas de amenazas, etc.).
Sostiene el autor, acertadamente que el primer modo es más económico, origina mejores relaciones futuras, resultados más satisfactorios y al menos disputas posteriores.
Al hablar de reconciliar interés, es preciso aclarar que se trata de deseos, problemas y miedos que subyacen a las posiciones de las personas. A menudo los intereses están unidos a cosas “tangibles” como un cargo, tierras, dinero, trabajo. En otras ocasiones están unidos a cosas intangibles como prestigio social, autoridad.
Se hace la diferencia entre intereses y posiciones. Centrarse en los intereses ayuda a destapar problemas ocultos y les permite identificar los temas que más le preocupan. En cambio cuando las personas definen sus diferencias en términos de posiciones, los conflictos aparentan ser más difíciles de resolver ya que cada uno quiere algo a lo que otra persona se opone. Centrarnos en los intereses nos permite normalmente encontrar soluciones en las que las dos partes obtengan beneficios.
Aunque intereses y necesidades pueden ser considerados “deseos ocultos” las necesidades pro ejemplo (identidad, seguridad, justicia, pertenencia), o necesidades materiales básicas como el sueño, la alimentación, son más fundamentales e imprescindibles para vivir que los intereses. Mientras que los intereses pueden ser negociados, las necesidades no.
Sacerdote jesuita.
