Tributación y moral
Para el pequeño hombre de negocios, pagar impuestos puede tener un sabor desagradable, sobre todo cuando se los aumentan, pero ni los tributos ni los incrementos porcentuales de tributación son males absolutos. Panamá ha pasado de tener una carga tributaria baja a una de nivel medio, comparada con otros países del mismo nivel de desarrollo. Cada gobierno en los últimos 10 años procedió a hacer su reforma tributaria. Aunque haya grupos de contribuyentes que haciendo las sumas y las restas, luego de los últimos cambios fiscales, encuentren que pagan menos impuestos, y se sientan cómodos y agradecidos en función de ser los beneficiados de las reformas, en realidad el propósito de la reforma fue aumentar de modo global los ingresos fiscales, tal como lo demuestran las crecientes cifras de recaudación. Parte de la justificación moral de los impuestos que pagamos está en lo que a cambio recibimos del Estado. En Panamá, la justificación parece encontrarse en el área de infraestructura, pues nuestra red vial goza de relativamente buena calidad. El transporte público solo recientemente ha recibido atención y el gobierno se propone realizar una fuerte inversión. Pero estos beneficios para el contribuyente no compiten en grado de igualdad con los subsidios sociales –de dudosa sustentación- que el gobierno llama política social. El fundamento de los tributos es el desarrollo de la nación, no el financiamiento de las aspiraciones re-eleccionistas del grupo en el poder. Esto último es inmoral.
