Triste escena
Los pueblos indígenas todavía viven aferrados a sus costumbres, eso es digno de admirar en pleno año 2012. Sin embargo existen situaciones que se encuentran al margen de la ley.
Ayer un grupo de indígenas ngäbe-buglés decidió castigar a los miembros de los congresos generales, locales, regionales que se mostraron a favor de negociar un acuerdo para resolver el conflicto de Barro Blanco.
El primero en ser amarrado, como si se tratara de un animal, fue el presidente del Congreso Regional Ñokribo, Willy Jiménez. En su rostro solo se reflejaba miedo, y no es para menos, rodeado de centenares de paisanos enojados, cualquier cosa podría pasar.
Los métodos que utilizan los indígenas son deplorables y violan lo que establece la Constitución Nacional sobre los derechos ciudadanos. A pesar de que tienen su ley especial por la cual se rigen, su conducta ante el resto de los panameños no es la mejor.
¿Dónde están los organismos de derechos humanos? ¿Qué opinan de estos métodos anticuados de castigo? ¿Se violan los derechos humanos de las víctimas?
Lamentablemente algunos de esos organismos solo se pronuncian cuando se registran enfrentamientos en las calles. Es tiempo que dejen a un lado los doble discursos. Amarrar y golpear a cualquier ciudadano, sea indígena o latino, por emitir su opinión no es una conducta aceptable en estos tiempos.
Los indígenas no pueden seguir viviendo al margen de la ley.
Por ejemplo, en Boquete todos los fines de semana los indígenas se emborrachan y se enfrentan a puños entre ellos. No hay ley, no pasa nada. Si sucede algo así entre latinos, serían detenidos y procesados por riña y escándalo en la vía pública.
