‘Triste y funesto’
Los adjetivos desparramados por el presidente del Tribunal Electoral (TE) regresaron contra él con la fuerza de un búmeran político. Fue triste comprobar que violó el debido proceso electoral en el rechazo a la reconsideración del retiro de la cuña. Fue funesto, sobre todo, para el régimen democrático, la parcialidad política puesta de manifiesto en un organismo político como el TE, que debe mantener una ineludible independencia política. La Constitución establece que la creación del TE se debe “al objeto de garantizar la libertad, honradez y eficacia del sufragio popular”. Sin embargo, Pinilla pronunció un discurso cuestionando la honorabilidad de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), a sabiendas de que violó la norma procesal que exige resolución de los tres magistrados y no la firma solitaria de solo uno de ellos. Ante propios y extraños, incurrió en la temeridad de afirmar que el error procesal de la Sala Tercera de la CSJ abría la puerta a la injerencia política en asuntos electorales, cuando él asumió una decisión política que favorece al candidato ligado a sus viejas raíces norieguistas.
El retiro de la demanda de Panamá Avanza deja sin lugar la controversia. Pero lo que subsiste es la postura parcializada del presidente del TE, que ordenó el retiro de la cuña de la hoja en blanco, que, en el criterio objetivo del fiscal electoral, no denigra la dignidad del candidato del PRD, no ofende los símbolos patrios, la moral, las buenas costumbres. ¿Por qué no refutó la opinión del fiscal electoral y fundamentó su criterio personal? Perredista es perredista. Como dice la canción, “Un viejo amor ni se olvida ni se deja”. Ahora se aclara que el peligro real es que el TE es presidido por un magistrado que pronuncia discursos como un senador romano defendiendo la ley, pero que toma decisiones reñidas con los procedimientos del Código Electoral. No debiera sorprendernos este episodio “triste y funesto”. No es el único fallo del TE favorable al PRD. Pruebas a la mano: el TE respaldó la revocatoria del diputado Carlos Afú por denunciar los sobornos del caso Cemis. Rechazó que existieran candidatos independientes a la presidencia de la República. Negó el reconocimiento electoral a los diputados de Cambio Democrático al Parlacen. El TE guarda sospechoso silencio ante hechos directamente conectados a elecciones internas del PRD, como las amenazas contra José Luis Fábrega y el diputado Raúl Pineda. El TE tiene atribuciones constitucionales para “sancionar las faltas y delitos contra la libertad y pureza del sufragio, de conformidad con la ley”. Por la gravedad de las faltas debió intervenir. Se abstuvo de expresar una sola palabra, por lo menos, de preocupación sobre las irregularidades de los comicios internos del PRD.
La Constitución establece que los magistrados del Tribunal Electoral son responsables ante la Corte Suprema de Justicia por las faltas o delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Los magistrados no tienen inmunidad ni son infalibles. Son los únicos competentes para interpretar y aplicar privativamente la ley electoral, y dirigirán, vigilarán y fiscalizarán las elecciones. La amplitud de su autonomía exige una severa imparcialidad política. Por tales razones deben ganarse la confianza de los ciudadanos con dictámenes despojados absolutamente de parcialidad política.