Tristeza en medio de una feliz Navidad
Estamos acostumbrados a desear una feliz Navidad, pero hay personas que para estas fechas sienten tristeza y melancolía; porque han perdido a un ser querido, están pasando por una situación dolorosa, se encuentran solos, de guardia, lejos de su familia o en una cama de un hospital.
La Navidad no es una noche cualquiera, es la fecha en la que celebramos el nacimiento del niño Dios. No es la cena, no es el bullicio, no son los regalos. Es lo que llevamos dentro de nuestro corazón. Los recuerdos que vamos grabando y que van marcando nuestra mente, con sentimientos profundos.
Es el momento para perdonar, compartir con los que menos tienen. Es la hora para expresar nuestro amor y nuestro dolor. También para recordar a aquellos que están pasando por momentos difíciles.
Podemos archivar la tristeza, la vergüenza o el miedo en un baúl con candado reforzado, pero tarde o temprano este abrirá, dejando escapar uno que otro recuerdo, para que enfrentemos la realidad. Y podemos fingir alegría, podemos sonreir, pero no nos podemos engañar a nosotros mismos.
Esas tristezas navideñas, si sabemos escucharlas, nos pueden aportar mucha información. Nos invitan a reflexionar, a valorar la vida y a las personas. Es lo que verdaderamente sentimos en nuestro interior y que algunas veces no expresamos.
Felicidad o tristeza, son estados de ánimo, emociones contrarias. Como decía Khalil Gibran, “la tristeza y la alegría son inseparables.” Cada experiencia vivida tiene una razón de ser. Lo que hoy puede significarnos una tristeza, mañana será un lección de vida.
Y que tal si aprovechamos para recorda uno de los grandes mensajes que nos vino a traer nuestro Señor Jesús: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Quisiera saber… ¿Cuánto nos amarán nuestros gobernantes?
