Triunfarás si perseveras y te motivas
Los jóvenes deben aprender la perseverancia. La vida está llena de obstáculos que, a veces aparecen para salvarlos; otras veces los creamos nosotros inconscientemente, ya que pensamos que alguien quiere hacernos daño y busca trancarnos con trampa, el devenir diario. Cuando nos ponemos una meta, es lo único importante para llegar al fin con el triunfo. En cualquier competencia que entremos, nuestra mentalidad debe ser de triunfador; así mismo llevamos en la vida el reto de salir adelante, de primeros, como reyes de la situación en que nos encontremos.
Por otro lado, cuando pensamos en alguna circunstancia, muchos lo hacen sin motivación alguna. Y yo me pregunto: ¿qué hay después de ese pensamiento? Debe venir la acción para transformarla en la perseverancia para lograr el triunfo. Saber enfrentar cualquier adversidad no es suficiente porque si no repetimos las acciones con tesón, difícilmente alcanzaremos la meta que nos hemos impuesto. El positivismo nos ayuda a continuar adelante y no hablemos con la negación por delante. Si alguien pregunta por nuestra salud, aunque en ese momento sintamos un fuerte dolor, debemos sonreír y responder que estamos bien. La vida hay que vivirla con pasión, con una entrega total ya que, si dejamos las cosas a medias, seremos mediocres. El triunfador, cuando finaliza una hazaña, ha lograr el triunfo. En cambio, el que pierde se conforma con pensar que estuvo a punto de lograrlo. Al contrario, como no siempre se puede ganar, analicemos cuál fue ese casi, ese detalle, el ligero empuje final que nos faltó para lograrlo y que, la próxima vez haremos un pequeño esfuerzo para ser el primero.
Debemos hacernos un autoanálisis cada vez que finalizamos un acto de nuestra vida, privando la conciencia y la honestidad de ser sinceros con nosotros mismos y concluir en qué consistió ese casi que no permitió el triunfo. Después, la perseverancia nos permitirá buscar nuestro porvenir que tendremos claro; comprenderemos que no esperamos sino que actuamos para lograr un triunfo. Es indispensable motivarnos en todo lo que queremos llevar a cabo porque sin la motivación no encontraremos el momento de empezar ni de continuar. Delante nuestro siempre habrá un reto y demos gracias a Dios que lo tenemos porque nos motivará a lograr el final y a tener algo por qué luchar para que la vida nos premie con lo mejor. Nuestra obligación es, primero con nosotros mismos, luego con los nuestros.
