Turismo en Tiempo de Vacas Flacas
Mi caro amigo y colega Alberto Quirós Jaén, del Centro de Investigación y Desarrollo Turístico (CIDT), me cursa invitación al seminario internacional sobre la temática, a celebrarse el próximo 24 de agosto en el centro de convenciones Atlapa. Ante todo, aplaudo estas iniciativas porque conozco muy bien a su gestor, quien goza de caudalosa simpatía dentro de la industria y valiosa experiencia en menesteres empresariales, como expresidente de la Comisión de Turismo de Apede y rector de Casa Guardia, emprendimiento de turismo hotelero de lujo frente a la radiante playa de Farallón. Amén de su pericia, "Tín", como le apodamos sus afectos, ha sido quijotesco guerrero en pro de las causas de desarrollo turístico nacional, en particular de su provincia, Coclé, sin intereses creados ni cartas escondidas tras las manos.
En la actualidad, encontramos en el Istmo una serie de enfrentamientos y depauperadas costumbres que reflejan un baldío decrecimiento en la cifra de visitantes. Veamos. Primero, ¿cómo llegar al destino? En lugar de rebajar sus precios para hacer del destino sitio apetecible para el visitante, los costos de pasajes aéreos a Panamá andan redundantemente por los cielos. Tomando como ejemplo, el pasado miércoles, el pasaje de Miami a Panamá más barato disponible para viajar directo de lunes a viernes de la semana próxima utilizando el buscador en internet Expedia rondaba los $945. Comparativamente hablando, un vuelo directo en las mismas fechas y bajo los mismos criterios de Expedia desde Miami a Santo Domingo, República Dominicana, cuesta $502, casi la mitad y a Cancún, México, $330, casi un tercio. Indistintamente de la "clandestinidad" de la oferta de alojamiento Airbnb o de transporte Uber a nivel mundial, estos fenómenos, bajo este u otros esquemas, han llegado para quedarse porque reflejan el interés de los viajeros en la selección de alternativas anteriormente no disponibles. Y en el siglo XXI, ante la inmediata disponibilidad de precios y alternativas, es el viajero el que dispone su destino y sitio de alojamiento y no viceversa. Bien valdría la iniciativa por parte de las autoridades de crear el compás para el cobro de impuestos a lo que actualmente se considera ilegítimo, eliminando las variables para el fomento de una sana competencia.
Analicemos el caso de Uber. Un residente norteamericano de uno de los edificios en Avenida Balboa me confió que la semana pasada contrató un taxi desde la Calzada de Amador hacia su residencia y le cobraron $40 por la carrera. La opción Uber, que hace la salvedad por adelantado que las tarifas entre los mismos destinos son más elevadas resultado de la alta demanda, refleja el miércoles en horas pico un precio de $7.07 por la misma carrera en un transporte económico para 1 a 4 pasajeros, o de $8.42 si toma la opción de UberEnglish con un conductor bilingüe. ¡Todo disponible anterior a la selección del servicio! Amén de que Uber cuenta con otras opciones como vehículos todoterreno o de lujo, según las pretensiones de sus clientes, y resulta en una opción más segura porque se sabe de antemano quién es el conductor y más conveniente porque los autos utilizados son de última generación, con aire acondicionado funcional y, en general, muy limpios, sin la necesidad de compartir el servicio con otros pasajeros, que están siempre a disposición (eliminando el tabernario "no voy"), que sus conductores respetan las reglas del tránsito y que el servicio se paga automáticamente con tarjeta de crédito. Interesantísimo también, Uber, posterior al servicio, efectúa una encuesta con sus usuarios para mantener una sana competencia entre sus conductores y optimizar los niveles de satisfacción.
Gozando Panamá de una muy particular historia, rebosante ecología y prodigioso encanto, no hemos sabido aprovechar estas virtudes para crear correspondientes magnetos al turismo. ¿Qué serían Orlando, Florida, sin Disney World, y Las Vegas, Nevada, sin sus casinos y centros de convenciones? A la inversa, en el Casco Antiguo, segundo sitio de atractivo turístico posterior al Canal en el Istmo, su Asociación de Comerciantes recientemente reveló que 26 negocios han cerrado sus puertas por falta de promoción, altísimos alquileres y porque los estacionamientos están siendo utilizados por ministerios y entidades públicas, que hace añales han debido ser reubicados bien alejados de ese pulmón del turismo capitalino.
"Turismo en Tiempos de Vacas Flacas", más que un seminario entonces, se convierte en una valiosa vitrina para ventilar todo lo que venga en mente, exponer ideas, conceptos, creatividad, críticas constructivas, a fin de elevar nuestra alicaída industria a niveles jamás vistos en estas latitudes. ¡No se queje, asista!
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