Turismo, hotelería y sociedad
El turismo, entendido como la actividad económica dirigida a atraer o suscitar el interés de los viajeros en relación con las potenciales atracciones, naturales, históricas, culturales o artificiales, que brinda un determinado país o zona geográfica particular, ha tenido en Panamá un desarrollo destacado en los últimos veinte años
Aspecto este que, a pesar de que no debería asombrar a nadie, dado a las connotaciones históricas y sociológicas basadas en una herencia colonial transitista y de servicio, si constituye un precedente importante para el desarrollo de la sociedad panameña en general, ya que por medio del turismo se ha logrado edificar un mercado laboral estructurado en relación a la industria hotelera; la cual demanda cada vez una mayor oferta de profesionales, que van desde saloneros, bartenders, mayordomos, mucamas, personal de mantenimiento, recepcionistas, botones, cocineros, etc.; a los cuales, a su vez, se les exige, en muchos casos, el dominio del inglés, certificaciones académicas en la materia y, en ciertos casos, el manejo idóneo de herramientas informáticas.
Ahora bien, y tomando en cuenta el hecho que Panamá es el segundo país de la región centroamericana (después de Costa Rica), que cuenta con mayores ganancias financieras y mayor número de turistas extranjeros por año; vale la pena sostener que el turismo, en sus múltiples modalidades (histórico, geo-ecológico y cultural), se encuentra actualmente en una etapa ascendente de híper-desarrollo estructural, lo que se evidencia por medio de las monumentales infraestructuras hoteleras que se alzan a lo largo y ancho de nuestro istmo, sin importar la dicotomía área urbana o rural.
Así, este notable progreso de la industria hotelera es posible rastrearlo desde la isla Colón en Bocas del Toro; las tierras altas de Boquete y Volcán en Chiriquí; las playas de Gorgona en Coronado (provincia de Panamá); además, de los muy populares balnearios y resorts, como El Decamerón y Playa Blanca, por solo nombrar algunos ejemplos en áreas semi-rurales cuyo potencial turístico ya han sido explotados por la hotelería.
Además, y en la misma línea de ideas, no hay que olvidar la impetuosa promoción de los carnavales a nivel internacional, cuyas ganancias constituyen el mejor momento para la hotelería de la península de Azuero (Los Santos y Herrera).
Por otra parte, no hay que olvidar los centros urbanos como la ciudad de Colón, la cual atrae todos los años los ya conocidos y muy populares cruceros interoceánicos. También, en la ciudad de Panamá los turistas se abastecen de artesanías, al tiempo que visitan el Canal, el Casco Viejo, las Ruinas de Panamá la Vieja, los museos (antropológico, del Canal, etc.), entre otras distracciones, que van desde los teatros dramatúrgicos, eventos musicales y culturales, restaurantes y discotecas, etc. De esta forma, la industria hotelera se sirve de todas estas infinitas posibilidades para atraer a los tan codiciados turistas norteamericanos, europeos, suramericanos, etc.
Lamentablemente para los panameños, la mayoría de estos hoteles pertenecen a franquicias internacionales, con dueños y gerentes muchas veces extranjeros; sin hacer mención siquiera, que a su vez, mucho del personal es igualmente foráneo, dado en parte, a la experticia de estos en materia hotelera e idiomas.
De esta forma, debe incentivarse la inversión de nacionales en la hotelería, crearse mayores y más especializadas ofertas académicas relacionadas al turismo y edificarse, a nivel de la sociedad en general, una cultura turística, en donde todo ciudadano sean un potencial anfitrión de nuestro país.
Sociólogo.
