Ubícate en tu centro II
Aunque somos seres creados, limitados en el espacio y en el tiempo, al comunicarnos por medio de nuestra alma con lo trascendente, entramos en el mundo de lo ilimitado, de lo infinito por el Ser que nos sostiene.
El mundo nos arrebata el derecho a estar con Dios y nos lanza a vivir confinados en una oscura caverna donde solo estamos “viendo cuatro centímetros de la realidad” usando nuestros sentidos para sobrevivir, chocando unos con otros, golpeándonos, peleando espacios físicos, aliándonos para combatir a otros, sin darnos cuenta de que hay un mundo nuevo, iluminado, con aire pleno, allá afuera, allá arriba, donde hay libertad, dominio de sí, trascendencia, alegría, plenitud. Es el mundo del espíritu, donde de muchas maneras, dependiendo de la escuela de espiritualidad a la que pertenezcas, puedes conectar con Dios. Últimamente corrientes frescas de espiritualidad oriental e indígena latinoamericana enriquecen los aportes de San Juan de la Cruz y de Teresa de Ávila, para citar algunos de nuestros místicos y nos hacen ver que Dios se manifiesta en todas las culturas, aunque nosotros gracias a Cristo Jesús tenemos la verdad completa. Reconoce, pues, que eres algo más que un cuerpo, pensamientos, dinero o un puesto; eres un ser espiritual que encarnado en lo terreno busca al que es su origen, Dios nuestro Señor con quien superaremos cualquier adversidad, porque con Él somos invencibles.
