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Última palabra


La posibilidad de someter a un referendo la aprobación de concesiones mineras y la construcción de hidroeléctricas permitiría a la mayoría de los ciudadanos tomar una decisión sobre estos temas.

A pesar de que la dirigencia indígena se opone a esta alternativa, es importante abrir la puerta a mecanismos democráticos en los que se respete la voluntad del pueblo.

Los pueblos indígenas merecen todo el respeto y es admirable su lucha por defender los intereses dentro de las zonas comarcales, sin embargo, existen decisiones que competen a todo un país. También es correcto llevar las negociaciones a su máximo nivel y darles participación a todas las organizaciones que se oponen al desarrollo de proyectos hidroeléctricos o mineros. Sobre la mesa, es necesario colocar todas las posiciones, sin dejar cabos sueltos que más adelante dé espacio a malas interpretaciones. Al margen de este proceso de negociación de gran importancia para todos los panameños, han surgido algunos políticos y grupos radicales que apuestan por terminar con las conversaciones y generar un clima de inestabilidad. Eso es condenable y solo afecta la democracia.

Las riquezas naturales que posee Panamá deben ser preservadas, y cada proyecto que se proponga debe contemplar acciones de sostenibilidad.

La legislación actual exige las consultas ciudadanas para conocer el sentir de las personas, en relación con los proyectos que tienen un impacto sobre el medio ambiente.

Existen los canales de comunicación para elevar el debate y evaluar cada tema sin caer en las agresiones. Las experiencias recientes demuestran que las protestas violentas solo traen luto y dolor. El diálogo es la mejor alternativa.