Un abogado cansado
Monseñor, Dios lo bendiga. Mire, estoy harto de todo. Soy abogado y ya llevo 20 años en la profesión. Siempre fui un muchacho idealista y soñaba con ejercer esta profesión y defender a los pobres, promover la justicia, en fin dejar este mundo mejor que como lo encontré. Fui un estudiante de muy buenas notas. Quería casarme con una mujer que llenara mis aspiraciones espirituales y estéticas y así fue. Tengo tres hijos.
He trabajado mucho y me considero un hombre de una clase media más o menos fuerte, pero estoy en un estado depresivo y no le encuentro ahora sentido a nada. Ya estoy harto de almuerzos con posibles clientes, de defender a gente que parecía inocente pero que ocultaban sus fechorías, y de andar yo buscando la manera de cobrar lo más posible, de sacar gente de la cárcel y en algunos casos meter a otros al presidio. Ya me cansé de papeles, expedientes y hasta me aburre la casa. Encuentro a mi mujer vieja y cansada y algo que me gustaba, pintar cuadros y hacer poesía, me resbala. Yo sé que eso lo llaman depresión.
Un médico amigo me recomendó un antidepresivo muy común y lo comencé a tomar. Pero algo está fallando dentro de mí. En lo único que últimamente me ha hecho sentirme bien ha sido el haberme negado a defender a un conocido narcotraficante que me ofrecía mucho dinero. Dije rotundamente que no. Fíjese que hice mis cálculos: con el dinero que me ofrecían hubiera vendido mi casa y me hubiera comprado una casa más grande y hasta me hubiera comprado una lancha con dos motores fuera de borda, un viejo sueño mío. Pero me siento bien, lo digo sinceramente, al haber dicho que no. Por lo demás, estoy desilusionado de todo.
Mire hermano, usted es un hombre idealista, pero se ha encontrado con la realidad, la de un mundo que muchas veces no es ni blanco ni negro. Es decir, muchos clientes serán inocentes en algo, pero culpables en otra cosa e intentarán hacer ver que la verdad está completamente de su parte. Para ellos, los contrarios son culpables en todo. Usted debe tener los ojos siempre abiertos y defender lo que es “defendible” nada más.
Ha visto que la rutina empezó como comején a arruinar el “mobiliario de sueños” suyo y hasta llegó a su hogar y ya ve a su esposa “vieja y cansada”. Es probable que usted esté proyectando en ella lo que usted ve en sí mismo. El problema suyo es que no le encuentra sentido a lo que hace. Pare y reflexione: ser abogado es una excelente profesión, en la que tiene que lidiar constantemente con el “conflicto humano”. Su objetivo es lograr acuerdos en el marco de la ley, hacer prevalecer la justicia, defender al injustamente atacado, promover relaciones basadas en el respeto al otro y así contribuir a la paz.
Es probable que se junten el cansancio mental, la frustración por no haber hecho lo que creía era necesario, el descubrir engaño en sus clientes, el no haber incursionado en otros terrenos del derecho o no ser creativo en su profesión. Necesita descansar, hacer un retiro espiritual, evaluar su trabajo, abrirse también a otras áreas de realización humana, como incluirse en algún club cívico, en actividades de su Iglesia, en acciones comunitarias que favorezcan el bien común. Siga haciendo poesía y pintando. Le aconsejo algún deporte y tomar alguna vacación. Siga en su profesión por favor, defendiendo la justicia, pero tenga cuidado de sus clientes. Si ve realmente que alguno es culpable de verdad, no siga en el caso, al menos que la persona lo acepte y defienda el derecho de ella a tener un juicio justo y una pena adecuada. Lo felicito por no haber aceptado defender a alguien que es realmente un narcotraficante. De haberlo hecho se hubiera sentido muy mal con usted mismo y ese dinero le “hubiera quemado las manos del alma” hasta la muerte.
En cuanto a los antidepresivos, solamente con la autorización de su psiquiatra o un médico competente en eso. Y que sea temporal el medicamento. Lo suyo tiene que ver más con motivación, con encontrar un sentido a su profesión, con buscar la paz y echar fuera la tensión emocional negativa, mejorar sus relaciones con su esposa y familia y tener momentos de descanso. Acuda a un buen psicólogo y sepa que su problema tiene que ver con Dios, por lo que debe buscarlo, sabiendo que Él quiere pacificar su alma y para eso haga oración, acérquese a su Iglesia y confíe en Él, ya que con el Señor usted es invencible.