Un análisis más cuidadoso del 6 de diciembre de 2015
El 6 de diciembre de 2015, la República Bolivariana de Venezuela realizó unas elecciones transparentes, propias de un sistema electoral inexpugnable. Sin embargo, muy vilipendiadas y desacreditadas por los medios de comunicación más conservadores de América y Europa. Obviamente, la oposición y sus apoyos internacionales estaban listos para cantar "fraude", en caso de que los resultados le hubieran sido adversos. El país de Bolívar atravesó, así, otra etapa de su tensa y trajinada vida política de los últimos 16 años. Los sectores identificados con la oligarquía venezolana agrupados en la heterogénea Mesa de Unidad Democrática (unidad artificial de 18 partidos de diversas corrientes políticas e ideológicas, entre ellos los tradicionales Copeyanos y Adecos), logran obtener la mayoría de bancas del Parlamento unicameral.
Este resultado desfigura un tanto el control chavista de la Asamblea Nacional vigente desde 1998 y le permite a la llamada oposición, en términos formales, dentro del marco constitucional vigente, entrar a cogobernar o coexistir en un régimen presidencialista como el venezolano.
En una nación donde casi todo el panorama económico, político y social ha sido falseado o desdibujado por los medios de comunicación internos y externos, donde un mar de odios han sido sembrados por propios y extraños, hacen muy difícil elaborar ideas realistas sobre la situación general del país; las elecciones parlamentarias constituyeron, pues, un esfuerzo de distensión en la avalancha de informaciones negativas sobre el país del Sur.
Pasado casi un mes del torneo electoral nos parece un momento adecuado para elaborar análisis más cuidadoso que nos permita pasar por encima de las constantes exageraciones planteadas a menudo en la prensa internacional.
Una primera observación que creemos pertinente es que "si no estuvieran en juego los intereses de las grandes potencias y los de la derecha oligárquica internacional, el tema de Venezuela ni siquiera aparecería en la esfera mediática internacional". En otros países americanos ocurren hechos aberrantes como las desapariciones forzadas en México o los 20 candidatos asesinados en las elecciones municipales colombianas de 2015, pero los mismos no ocupan ni siquiera una columna de los grandes periódicos de Madrid, Nueva York o Miami. Desde que los poderosos intereses económicos imperiales se posaron, desde hace más de un siglo, sobre el recurso petrolero tan abundante en ese país, (las últimas estimaciones consideran que Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo); hacen de Venezuela un bastión de ambiciones estratégicas internacionales. Esto, unido a la pérdida de la influencia que mantenían las familias encumbradas de la capital del país, dentro de los círculos del poder político y económico, ha conducido a algunos venezolanos a tal grado de irracionalidad que han perdido casi todo contacto con la realidad, algo que se ha hecho cada vez más evidente a lo largo de los 16 años transcurridos desde el inicio de la llamada revolución bolivariana, dadas las sucesivas derrotas electorales que experimentó la burguesía en manos del chavismo desde 1998.
Desde el advenimiento del gobierno bolivariano, han emergido nuevos sectores (clases populares, obreras y campesinas) que resultó ser algo nunca contemplado dentro de los planes de dominación de los sectores exclusivistas del empresariado y dirigentes de la llamada "democracia más sólida de América Latina" surgida en 1958 por el pacto oligárquico de Puntofijo.
Como resultado de las recientes elecciones, la sociedad venezolana continúa dividida en dos bloques de dimensiones muy parecidas. En una campaña electoral con ausencia de un discurso propositivo, basada en el miedo y la incertidumbre, los candidatos de la MUD se mimetizaron con las realizaciones chavistas. El guion para sus candidatos fue promover la incertidumbre, no culpar a Chávez de los fracasos en la economía ni combatir las conquistas sociales del proceso bolivariano.
Los resultados de las parlamentarias de 2015 fueron un tanto pírricos. Mientras, las fuerzas de la oposición obtuvieron 7 millones 707 mil votos (56%), el chavismo obtuvo 5 millones 622 mil votos (40 %). Una diferencia de 1 millón 988 mil 554 votos. No obstante, si se compara este resultado con el escenario electoral de las elecciones presidenciales del año 2013 (Maduro-Capriles), la oposición obtuvo 7 millones 363 mil, mientras que el chavismo, 7 millones 587 mil. Nos indica que la oposición, en esta elección, no aumentó significativamente su votación con respecto a 2013. El chavismo pierde 1 millón 988 mil 554 votos, pero la oposición solo creció 343 mil 442 sufragios, lo que sugiere que el descalabro chavista está relacionado en su mayoría con la abstención de sus propios seguidores y no con un aumento importante de la votación opositora.
*Docente de la Universidad de Panamá.