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Un año después y entonces...


Pareciera que a estas alturas todavía no queda claro cuál es el plan para el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN). Desde hace más de un año, cuando la planta potabilizadora de Chilibre tuvo que paralizar sus operaciones debido a que era incapaz de procesar el agua cruda que entraba desde el lago Alajuela, los niveles de turbiedad eran altos y sobrepasaron la capacidad de esas instalaciones. En ese momento pasaron semanas sin que pudieran hacer mucho los técnicos de esa entidad, más que esperar que se detuvieran las lluvias y el agua regresara a niveles aceptables. Los cuestionamientos sobre las inversiones millonarias que se realizaron en los últimos años y la calidad de los mismos fueron puestos en duda.

El Ejecutivo debió admitir los problemas en el IDAAN y anunciaron medidas de contingencia para modernizar los sistemas de captación, producción y distribución, incluso se habló de impulsar cambios drásticos en los modelos de administración de una institución con las características del IDAAN.

Todo eso quedó en planes, han pasado meses y pareciera que la historia se volverá a repetir, bajo la mirada impotente de los consumidores que son los más perjudicados en este problema.

Las acciones han sido limitadas o nulas, y han quedado evidenciadas durante estos días en los que el agua ha estado lejos de los grifos.

El agua potable para la población es indispensable, y de seguro es más importante que los conflictos políticos o los escándalos de corrupción. Sin agua cambia el ánimo de la población, se afectan la actividad comercial y los servicios de salud, y se paraliza la vida diaria en los hogares.

El costo político por la falta de agua es alto. Ningún Gobierno, incluyendo el actual, ha logrado sacar la tarea y los electores lo tienen presente. Todavía están a tiempo de intervenir y solucionar a corto plazo estos problemas. La sociedad civil debería respaldar sin miedo cualquier iniciativa que le devuelva la tranquilidad a los consumidores. Si el servicio de agua potable es eficiente y de calidad, es más justo pedir responsabilidad y compromiso al momento de pagar en las ventanillas. Mientras eso no suceda, no tiene sentido y no es moral.